ECHANDO DÍAS PA’TRÁS

CARCEL“Echando días pa´trás” o “robando horas al Juez”, son expresiones muy típicas de las personas con mayor experiencia en confinamiento prolongado de nuestro país. Ellos y ellas no publican artículos científicos, ni participan en tertulias, ni van de expertos de casi nada a hablar de casi todo cuando tienen un micro frente a la cara, eso sí, a cierta distancia y envuelto en plástico transparente.

Imagina pasar el confinamiento (el que llevamos y el que nos espera, que me temo será largo) con cuatro o cinco mudas de ropa, sin nevera, sin sofá, sin tu cama y tu almohada o cojín preferido, sin televisión por cable, ni internet, ni tablet, ni siquiera un móvil; y además compartiendo un espacio mínimo y mal ventilado con otra persona que no conoces y que igual no habla tu idioma, delante de la cual haces prácticamente todo. Y cuando digo todo es TODO.

 

Ellos y ellas suman a 31 de enero de este año la escalofriante cifra de 58.369; y  escribo escalofriante por varias razones que probablemente desconozcas:

 1.- La tasa de delincuencia en España es un 27% inferior a la media europea.

 2.- Nuestra tasa de encarcelamiento es la tercera más alta de Europa.

3.- El aumento progresivo de personas privadas de libertad (en los últimos 20 años hemos pasado de 40.00 a 60.00), no se ha debido a un aumento de la criminalidad sino a que la duración de las penas ha aumentado.

Si por alguna extraña razón el COVID-19 hubiera preferido las prisiones y su asfixiante entorno para desarrollar su potencial vírico exterminando a los presos y a las presas, estaríamos haciendo nuestra vida tan felices y veríamos las noticias de la tragedia como quien ve en el informativo de mediodía los campamentos de personas refugiadas, o lee en la prensa los niños y niñas que mueren diariamente de hambre. 

 Pero no ha sido así, resulta que el virus ha aprovechado la movilidad global para expandirse y convertirse en pandemia. Y ellos y ellas (salvo monárquicas, políticas o mediáticas excepciones) están quietas, encerradas, olvidadas. 

 Tan olvidadas que ni se les menciona. De hecho, hoy sabemos que el paciente cero en España fue un abogado almeriense de 32 años que se paró a indicar a dos turistas chinos perdidos una dirección que buscaban; pero no tenemos ni idea de si hay alguna infección intramuros. 

En realidad, reconozcámoslo, nos da exactamente igual. 

 Ese ejército de expertos y expertas en confinamientos prolongados siempre ha estado allí, encerrado y  aparentemente a salvo, esperando que alguien toque en la puerta del chabolo y les pregunte. 

Ahora más que nunca tienen algo que aportar, porque mientras nosotros, los antiguos hombres y mujeres libres y globales, aprendemos a “echar días pa´tras” y a “robar horas al virus” encerrados en nuestras casas, ellos y ellas llevan haciéndolo años en unas condiciones infinitamente peores, y sus experiencias y aprendizajes pueden resultar muy útiles en estos momentos.

Igual resulta que esta crisis es una magnífica oportunidad para recordarnos que son y están. 

Y que, en gran medida, depende de las personas de afuera, que en el futuro sean y estén.

PEDRO MELIÁN

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