PEDALEAR PARA AYUDAR A OTROS

El pasado 8 de julio, David Ramos y quien suscribe, llegamos a Manresa tras cubrir los 681 kilómetros del Camino Ignaciano. Teníamos un doble objetivo: completar la distancia en siete etapas, en bicicleta de montaña y recaudar fondos para las personas y los colectivos más vulnerables, como consecuencia de la crisis de la COVID. Afortunadamente, pudimos lograr los dos.

El origen de esta idea se fraguó a principios año, cuando desde Radio ECCA (obra de la Compañía) nos sumamos a las sesiones de trabajo, con motivo de la celebración del V Centenario de la herida sufrida por Íñigo de Loyola en la batalla de Pamplona (1522), que a punto estuvo de costarle la vida. La bala de cañón que le destrozó una pierna no logró acabar con su vida, pero si cambiársela. Tras una larga convalecencia, aquel soldado de noble cuna, que aspiraba a grandes gestas, abandonó las armas para dedicarse a servir a otros. A los más pobres. La Compañía de Jesús echaba a andar. La primera etapa del camino de su nueva vida le llevó desde su lugar de origen, Loyola, hasta Manresa.

Rememorar el camino que hizo Ignacio, 500 años después, mostrando los lugares emblemáticos, contando sus historias, sus dificultades, su proceso de transformación, y poder compartirlo con todas las personas que quisieran seguirnos, también estaba en nuestras mentes. Un reto muy exigente, que nos llevó seis meses de preparación física específica, muchos preparativos y siete días muy intensos.

Cada etapa comenzaba a las 05:00 de la mañana, cuando nos levantábamos. La rutina era siempre la misma. Tras salir de la cama, había que tomarse un bidón con agua y electrolitos, sin ganas malditas, pero cuando vas a estar seis horas encima de la bici, en pleno mes de julio y sudando la gota gorda o hidratas bien el cuerpo o la fiesta se acaba pronto.

Luego tocaba recoger, hacer la maleta y llevarla al furgón, donde nos esperaban nuestros dos ángeles de la guarda: Javier Bailén y Álvaro Lobo, dos jóvenes jesuitas que nos cuidaron y mimaron durante todo el recorrido y que pusieron recursos y voz a los vídeos de las etapas.

¿El desayuno? Un sandwich de nocilla y listo, porque a las 6:30 había que empezar a dar pedales y no se podía cargar el estómago. Así que, al menos, nos dábamos un homenaje que nos recordaba a nuestra infancia. Había que saborearlo bien porque hasta el mediodía, lo único que engullíamos eran barritas, geles, sales y agua.

Acabada la etapa, tocaba llegar al nuevo lugar de hospedaje, instalarnos, almorzar, ducha y empezar a descargar todo el material grabado para comenzar montar los vídeos de las etapas. Entre medias, intentábamos recuperar las piernas con cremas y cuando se podía, echar una siesta, porque el montaje de los vídeos nos ocupaba siempre hasta casi las 20:00h, momento en el que teníamos el directo diario en Instagram.

A partir de entonces, cena, llamada a la familia y breve paseo para desconectar y hacer equipo.

En cuanto al camino en sí, creo que es lo más parecido a la vida. Disfrutamos como niños en Euskadi, con el verde de las montañas y con parajes como el del Monte Urbía que quedaron grabados en nuestros corazones. Vivimos la transición que nos llevó en dirección a La Meseta, cruzando La Rioja y el sur de Navarra. Y conocimos la dureza extrema en el Desierto de Los Monegros, con llanuras interminables, a casi 40 grados, en donde parecía que no avanzábamos. Para terminar en Manresa, previo paso por Montserrat en donde el camino nos volvió a recordar que las montañas son preciosas y majestuosas, pero que cuesta subirlas y más en bicicleta.

Transitar por este camino, como ocurre con otros muchos, te hace valorar aún más la importancia de las cosas importantes. Lo hermoso de la esencia de las cosas o de la amistad, porque cuando flaqueas, cuando llegan los calambres, el desánimo o la sensación de que ya no puedes más, aparecen los amigos para darte una palabra de aliento, un hombro para llorar o un relevo más largo de lo habitual para cortarte el viento y que puedas recuperar las piernas.   

Independientemente de las creencias de cada persona, ayudar a los demás, a quienes pasan por mayores dificultades, es un sentimiento y una vocación que la mayoría llevamos dentro. Una vocación que se ejerce desde el compromiso espiritual, social, político, deportivo, educativo o de cualquier otra índole. La nomenclatura es lo de menos. Lo importante es la esencia: ayudar a otros.

Al final regresamos con la sensación de que el Camino Ignaciano pasó más por nosotros de lo que nosotros transitamos por él. Cuando la semana pasada le preguntamos en una entrevista en Radio ECCA al Padre General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, qué significado podía tener esa reflexión, su respuesta fue: “Que los compañeros de ECCA comenzaron el Camino como ciclistas y lo acabaron como peregrinos”.

Juan Carlos Hdez. Atta

Enlaces a los vídeos de las etapas:

Etapas 1 y 2: https://youtu.be/0priQKsf9Wc

Etapas 3 y 4: https://youtu.be/QVT9HlZE3GY

Etapas 5 y 6: https://youtu.be/Q21CSsB58A8

Etapa 7: https://youtu.be/1hJLQq2mRfE

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