LOS VELOCISTAS DE TELDE

Feli Santana
Feli Santana cargado de anécdotas y costumbrismo

Sabido es que la picaresca y las coñas de juventud siempre fueron la guinda en las reuniones y fiestas de los recordados años 60/70, donde los más espabilados apostaban a la primera, con tal de obtener razones de supremacía y liderazgo.

La explosión industrial comenzaba a liberar la juventud y sus deseos de expandirse económicamente y socialmente, las motos fueron el primer argumento de compra, para el despegue, la gran mayoría compraban las famosas LM, ciclomotores de pequeña cilindrada que llenaron los campos y medianías isleñas de movimiento laboral. Los más afortunados aspiraban a máquinas superiores y en ello “marcaban diferencias”.

En estas secuencias de aquellos tiempos apareció un día, Floro González con una preciosa Bultaco Metralla 250 MK II “Kit América” que era la sensación del momento. Una moto monumental y de concepto deportivo para la época. Sin duda, deseo desbocado de las mayorías de los jóvenes, que soñaban con poseerlas.

Moteros antiguos en marcha

En la reunión estaban un puño motoristas, de la Gavia, la mayoría, pero también de  San Roque y alrededores, era la peña más activa numerosa de los barrios de Telde. Floro sacaba pecho arrogante con aquella bestia de moto, de la que intuía pocas rivalidades y restregaba sus virtudes a todos como algo excepcional… Hasta que Tito Robaina, harto de aguantarle “la perreta” le dijo que si quería echar un pique con la suya; una Triumph Bonneville 500

Saltó sobre la marcha Floro, sin medir las consecuencias de tamaña apuesta.. ¡Dónde quieras, te paso por la piedra! Menospreciando la pesada Triumph inglesa, con más porte, más peso y más motor.

Acordaron un lugar predispuesto por Tito Robaina, astuto y conocedor de los pormenores y las máquinas. Un motorista más curtido busca ventajas para su máquina. Acordó que el desenlace sería en el Municipio de Agüimes; desde el Cruce Arinaga hasta Las Crucitas. Todos conocemos la carretera antigua, con una enorme recta de más de un kilómetro enlazadas por tres paellas y llegada a la entrada de Agüimes.

De comisario o árbitro pondrían a Juan «Tortas», personaje peculiar con buena dosis de autoridad, que acudiría con su Derbi Antorcha y actuaría de juez en la salida.

Y hasta el cruce Arinaga se fueron con una jarca de amigos en motos para vivir la cita, entusiasmados todos por “el pique de los velocistas de Telde”, como así les llamaron para la historia.

Con gran expectativa salieron los dos a la bajada de mano de Juan “Tortas”, tras un rezado de acuerdos básicos… En la recta de corralillos, la moto de Tito volaba literalmente. En la zona de curvas, ya le había encajado cerca de 100 metros de por medio, y después de acercarse en la doble paella, volvió a tomar ventaja, hasta llegar sobrado, a lo alto de las Crucitas en Agüimes, antes que el Bultaco Metralla del arrogante Floro.

Se acabaron las noches de faroles y arrogancias. ¡Lección aprendida!

  Feli Santana

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