LA GORRA DEL TÍO MICK

Esta es una historia de pasión motera y detalles anacrónicos en el tiempo. Las gestas y honor de las personas a veces van mucho más allá de lo que conocemos y cuando estamos cerca de los aconteceres, tocar esos pequeños valores es un hilo conductor a toda una vida de éxitos de honor y respeto por la gracia afortunada de la amistad.

Caricatura de Mickj

Nunca imaginé hasta que punto, estos pequeños gestos marcaban la vida de las personas, para ello narraré la secuencia de la historia contada por los propios personajes cuando la vida nos regaló una tarde con trial, amigos y conexiones compartidas en aquel Viejas Glorias de Arguineguín.

Años antes, ya nos había visitado el gran Mick Andrews y su capacidad diplomática para alegrar las fiestas no tenía parangón. El haber encontrado un lugar con la suerte de sus alegrías, era un filón a sus ilusiones y deseos de gran campeón y excelente persona. Sin más dilaciones…

Una tarde de despedida le nombré embajador particular del evento Viejas Glorias y fiel consejero para conectar pilotos de talla mundial cuando pudiéramos invitarles. Entonces me propuso traer a Kevin Schwantz, él era amigo íntimo de su padre Jim Schwantz, trialero, que a su vez tenía un concesionario de Yamaha en Houston (Texas), al que le unía una gran relación. De hecho, a principios de los años setenta estuvo dando varios cursillos en Estados Unidos como piloto Yamaha oficial, cuando fichó con los japoneses.

Allí se produjo el milagro y la conexión duradera de la amistad. El pequeño Kevin con escasos nueve años se le encendió la chispa del deporte de las motos de campo y aunque ya había probado Motocross, el trial sería su talismán de honor, el poder imitar a su padre y al gran Mick Andrews, cariñosamente “tío Mick”, era todo un honor. Al finalizar el evento, Mick le regaló su prenda de honor “La gorra Bells” con su trofeo y con ella selló en el corazón de este chaval futuro campeón del mundo de velocidad un pacto de honor.

Mick de trialero

Muchos años después asistí al encuentro afortunado de estos dos caballeros del deporte. El gran Mick Andrews y aquel joven campeón del mundo Kevin Schwantz, Todo honor y toda gloria, era una adoración y respeto el de Kevin por Mick, increíble. Durante la semana me preguntó varias veces cuando llegaba Mick y el fin de semana del Viejas Glorias. Fue maravilloso. Antes tuvimos la suerte de compartir una salida de trial por Valsequillo y echar copas y risas hasta muy de madrugada.

De todos es sabido la gran templanza y honor de Kevin Schwantz cuya grandeza ha llevado consigo sus principios como legado de fortuna en su vida: El dorsal 34 de su tío Darryl, piloto local que acaba su particular campeonato en esa posición, al que adoraba. Su amistad con “Rayne” al que su accidente le reconvirtió la diversión y tragedia de las motos, hasta su retirada.

Kevin Schwantz  fue campeón de la categoría 500cc en 1993, segundo en 1990, tercero en 1991, y cuarto en 1989, 1992 y 1994. Obtuvo 25 triunfos en la categoría, y 51 podios en 105 Grandes Premios disputados. Él describe su retirada del Mundial con estas palabras: «Haciendo memoria, me acuerdo cuando me retiré en 1995 de GP500, esperé hasta el último minuto intentando convencerme de que mejoraría, y justo antes de dirigirme al aeropuerto para la cuarta carrera de la temporada, tomé la decisión de que ya no quería poner mi trasero en esa línea. Llamé al equipo y les dije que no iría y que me retiraba en ese mismo momento, que irónicamente y sin saberlo entonces, con 34 puntos».

Mick y su gran pasión motera

«Crecí como un niño siempre pensando que, si alguna vez pudiera dedicarme a las motos de carrera y ganarme la vida, esa sería la forma más genial de conocer la humanidad».

Los detalles en la vida marcan algunas personas y forman parte del patrón afortunado de su vida, tocar de cerca su historia y compartir sus experiencias, analizando dichos detalles nos hacen entender mejor la grandeza de los campeones.

La gorra de Mick Andrews es todo un clásico que le acompaña allá a donde vaya, cuando se mete en su gorra Bells, saca la sonrisa mágica del héroe que siempre ha sido y compartido.

Un año después de visitarnos, Kevin y Mick Andrews, en un encuentro en Asturias, donde no pudimos estar, me telefoneó una noche para reprocharme la cita, que esperaba pasar una noche agradable con nosotros y que otra vez será. Imagina la cara de bobo que se me queda con tal honor de llamada y aprecio a la amistad.

Este año Mick volvió a Teror con su mágica gorra. Dicho fetiche forma parte ineludible de su vida de campeón. Grande es aquel que valora los detalles de su existencia.

Y es que la gorra del tío Mick es un clásico de mucho honor.

Texto: Feli Santana

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