MAESTRO

El amigo Agustín degustando un buen vino

Miro por la ventana, es temprano aún, no ha amanecido pero el día es gris. Pero no un gris cualquiera, no, un gris oscuro, tan fuerte que me hace un nudo doloroso en la garganta y ni siquiera llorar me deja.

Mi amigo Paco Domínguez, acaba de decirme que Agustín, nuestro Agustín, si, ese, el que si estás lejos, te llama la atención con sus gestos, sus aspavientos y que, desde la distancia, te dices, es que no para de hablar. Pero si tienes la suerte de estar cerca, no puedes dejar de mirarlo y sobre todo de escucharlo.

Porque Agustín es, aunque suene a tópico, bueno, ¿Desde cuándo me ha importado que algo suene de una u otra manera? Un pozo de sabiduría de la buena.

Te está contando alguna anécdota, de tantas que conoce de nuestra gente y pasa sin pedir práctico a comentar un párrafo de las obras completas de Pancho Guerra, el de Pepito Monagas y cuando digo completas, me refiero a que se las sabe completas.

Echarse un canturreo, uno de sus entretenimientos

Con la misma que estamos en ellas se pasa a hablar de Kant, de Aristóteles, de Bakunin, Marks o Descartes, para pasar inmediatamente a preguntarme por mi hermano Lelo o por Paquito mi Niño, que junto con Paco Domínguez, son sus grandes cómplices, y sin esperar respuesta por mi parte, salta a recitar una copla de Víctor Fernández Gopar ”El Salinero” o a cantarte, a capela, una milonga completa de José Larralde o de Tito Fernández, además te recuerda que la última vez que estuvimos cantando, la ranchera aquella que tanto me gusta, no es de José Alfredo Jiménez y mucho menos de Agustín Lara, que es de uno que nosotros no conocemos que se llama Silvestre Revueltas.

Hoy me lo cruzo por la Vuelta de los Navarros, yo voy para abajo, para Telde y el sube para arriba en el Renault 4L verde, va con Nono Castro y arriba en Valsequillo  se cruzan con Machín, se saludan pero él tiene prisa porque quedó con una muchachita del Carrizal o de algún otro sitio, pasa Antonio el Pastor que les canta alguna de sus coplas, se cruzan con Juan el Largo que se une a la tertulia, Manolín viene bajando de las Casas Baratas y los invita al cine y allá que van, sin olvidarse de darle un grito a Miguel Naranjito para que se apunte y abajo en Telde nos vemos en el Cine Silva, como veinte o treinta valsequilleros, viendo “Saló, a los 120 días de Sodoma” de Passolini .Los pocos que había de Telde, se fueron en el descanso.

Luego a la carrera para arriba, mañana tenemos que ir a trabajar a Maspalomas, en la construcción, para luego venir a Telde, otra vez, hasta arriba de sudor y polvo y quedarnos en la escuela de adultos a sacar el graduado escolar y una vez conseguido yo, descerebrado como siempre, me dedico a buscar nidos de Pintos, ósea, a pajariar y él se prepara el acceso a la universidad y se mete a estudiar Filosofía. 

Todo este rebotallo de cosas que aquí escribo, no es más que el sentimiento de desorden que ahora mismo me embarga y me enreda las emociones y los sentimientos de tal manera que ni siquiera puedo hablar en pasado del amigo, del compañero, del sabio, pues hablar en pasado es reconocer que ya no lo tenemos y me niego a que así sea.

Me niego a que nos deje solos, me niego a que nos deje tan faltos de conocimientos y de pasión por saber, por descubrir, por compartir.

¡Coño! Agustín, que solos nos dejas…

Paco del Pino

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