CARMELO SANTANA, EL ARTISTA DE LOS PEDALES

Carmelo Santana en su taller

Reconozco que la búsqueda de nuevas fronteras en el arte puede ser transgresora o visionaria. Puede uno prepararse para entender las circunstancias que propone el autor, la intensidad en la que exhibe su proyecto y hasta el caudal de imaginación y detalle que aplica.

Pocas veces nos sorprendemos cuando la normalidad hace selectiva las colecciones de los artistas, pero abrimos la boca a la exclamación cuando ese arte va asociado a las dos ruedas, al mundo antiguo de la movilidad en moto.

Carmelo montando una de sus creaciones

Hace unos meses sonó el teléfono y un chico bastante elocuente, me pidió que visitara su colección de motos antiguas con pedales. El fabricaba motos antiguas en canarias a partir de cero, de un chasís de bicicleta, tenía que ver su trabajo en el que su infinita inspiración le había llevado a embarcarse sin descanso en una hilera de obras de arte sin antecedentes, como poseído del Dios creador sin más herramientas que sus manos y su imaginación, comenzó una aventura que deja perplejos a sibaritas y profanos en la materia.

Carmelo Santana nació en 1962 en Las Palmas de Gran Canaria, su primer trabajo representante de productos de limpieza, pronto su pasión por la pintura y la chapa, lo llevó a montar su propio taller de pintura de motos en los que desarrollaba su capacidad profesional y abriendo camino a una curiosidad innata por la evolución y fabricación de sus propias piezas artesanales, tras el periodo laboral decide retirarse a una vida más ermitaña, donde poner al día su creatividad.

«moldea sus sueños a la velocidad de su pensamiento y palabras«

Comienza por seleccionar chasis de bicicleta, seleccionar marcas antiguas de motos. Indian, Harley, Handerson, Sumbean, Triumph, Scott, etc. Sus predilecciones de 1890 a 1920 donde arranca a su inspiración la genialidad, para convertir una tras otra en la colección artesana más impresionante que conocemos.

Carmelo no para de hablar, es un artista que moldea sus sueños a la velocidad de su pensamiento y palabras, la visión mental de su arte es fotocopia de las manos que la elaboran y para ello, visualiza, proyecta, fabrica, ensambla, enriquece, pinta, modela, cuestiona… Es todo voluntad y ejecución. La grandeza de su equilibrio creativo es una transformación constante hacia lo que proyecta. Lo increíble, es que los patrones y bocetos son mentales y su elaboración primaria parte de un simple chasis material.

Su imaginación no tiene límites y sus proveedores habituales son la industria china de internet, motores principalmente. Para él, los motores son adornos innecesarios para cubrir la estética de sus obras, usa pequeñas cilindradas que acopla a los chasis y los complementa con correas y cadenas, la doble funcionalidad de su objetivo.

Carmelo con parte de su colección

He de confesar que este loco y rocambolesco año 2020, nos ha traído otros cultos a la observación al tiempo en el garaje, a la explosión de la creatividad, al orden cósmico de nuestras destrezas y en ello el descubrimiento del infinito mundo del arte, podemos aislar la cuestión pasional como forma de entrenamiento, pero no evitar el derroche de gracia cuando el taller de los sueños creativos se exhibe con mimo y convierten en realidad las caricaturas del pasado.

El proyecto de Carmelo Santana, su arte elaborado, tienen una manifestación pública pendiente, en un espacio acondicionado donde la sutil belleza de sus creaciones encuentre el punto de crítica y valoración del público y entendidos, donde su trabajo reciba el aplauso y la aprobación que se merece. 

Para ello, las primeras muestras del trabajo estaban enfocadas “A los locos años 20”, dedicatoria del triste XXVIII Viejas Glorias Canarias, que de todos es sabido que no se llevará a cabo por la pandemia. Encontraremos, no obstante, el momento y el espacio correcto para mostrar tanta sabiduría artesana, mientras es de honor y estimulo saber que el guerrero continuo en la lucha de sus creaciones, realizando obras por encargo como medio para garantizar su continuidad.

Con Carmelo se abre una nueva frontera del arte motorizado, el arte de salón, de la decoración selectiva, la reconversión de un tiempo pasado difícilmente recreado con la gracia de sus genialidades fuera del alcance de cualquier patrón comercial por ser obras de arte únicas con un acabado sorprendente.

Ahora es fácil abrir la ventana de aquel tiempo, donde el motociclismo inspiró las primeras pasiones por las dos ruedas y su evolución, acercarse a ese universo material sin viajar a las tierras de los museos de su historia.

Deja que la vida te sorprenda en cada esquina, siempre encontrarás razones para ello…

Feli Santana

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