LA HUELLA SUCIA DEL INCIVISMO

¿Qué puede pasar por la mente de una persona para actuar a sus anchas, guiada únicamente por el libre albedrío de sus instintos? ¿Cómo se puede perder el norte hasta olvidar las normas más básicas de una sociedad organizada?
Estas preguntas, sin respuestas aparentes, nos golpean cuando observamos las actuaciones de algunos innombrables en nuestra vida cotidiana, en nuestro pueblo, en nuestra casa común. Personas que campan a sus anchas y consideran que el espacio público puede ser maltratado y vilipendiado con actuaciones irresponsables y auténticas barbaridades.
Podríamos llegar a interpretar que en lugares aislados, donde apenas hay tránsito de público o de vecinos, algunos se sientan tentados a dejar sus residuos, escombros y porquerías acumuladas como una forma cobarde de deshacerse de un problema de responsabilidad. Pero lo cierto es que existen normas básicas y elementales, y también medios al alcance de todos, para evitar estas barbaridades y reconducir la recogida de basuras, escombros y despojos hacia los lugares específicos habilitados para ello.
Sin embargo, parece que, en pleno umbral del siglo XXI, los avances en materia de educación ambiental y ética ciudadana se han esfumado por el bajante de la ignorancia. Algunos siguen actuando a sus anchas en la sociedad, como si el incivismo fuera un mal endémico de proporciones cíclicas. Ver el paisaje herido por estos rayones y manchas de irresponsabilidad nos habla de una peligrosa tendencia al salvajismo cotidiano. Y cuando la administración pueda meter en vereda este asunto, quizá ya habremos perdido demasiados recursos y demasiada conciencia ciudadana. Por eso debemos actuar con denuncia tajante y vigilancia continua.
Llega el verano y se inaugura con un potencial inflamable de gran envergadura. Un largo invierno ha dejado un tapiz inusual de pastos altos y vegetación a granel. Las cunetas revientan e invaden todos los espacios de uso. El campo y los alrededores de las vecindades están cargados de vegetación seca que ya nadie limpia ni corta, a pesar de los consejos de la administración para mantener limpios y cuidados los perímetros. Mientras tanto, se hacen auténticos milagros con el personal de limpieza para mantener decentes las cunetas principales y las vías de comunicación. Pero no podemos esperar siempre los milagros.
Habrá que recontratar personal para limpiar las vías y los espacios más peligrosos y sensibles. Debemos prepararnos para un verano inminente en todos los frentes, porque ya vemos las carencias y lamentamos esta asignatura pendiente. Habrá que seguir concienciando, informando y vigilando los flancos débiles de la sociedad para poder aminorar el impacto que se avecina. Estamos ante una emergencia social que no necesita más culpables: necesita acción, información, conciencia y responsabilidad colectiva.
Paseando por la carretera de Las Haciendas, en dirección a Los Cernícalos, sorteando el pasto invasor de las cunetas, me encuentro, pasando Pitango, con la huella de algún desalmado. Alguien que, después de llenar sacos de escombros de nuestras ferreterías, decide tirarlos en la cuneta como quien arroja miseria moral en la puerta de su propia casa.
Me conmueve, y me indigna, la falta de conciencia de estos irresponsables que, en lugar de utilizar los medios gratuitos que ofrece el municipio para el control de los residuos, deciden liberar su ignorancia a la vista de todos, señalándose de por vida con una actitud corrosiva y antisocial.
Por favor, ya está bien de incivismo.
Feli Santana
