ESPABILE AL MUCHACHO

Pedro Mireles. bajó de la Cruz de los Llanos. En los años 60 vivía adentro en la Hoya. Trabajó en las cumbres de San Mateo.
Su vida joven se desarrolló entre ganado y pastoreo. Cuando se casó se fue a vivir abajo a la Breña, en el barranco las Hoyetas
Tuvo varios hijos que nacieron con mucha paciencia. Eran más parados que el caballo el fotógrafo.
Ninguno sirvió para estudiar. Estaban embrutecidos con labranzas y ganado y el futuro no pintaba luminoso
Entonces Periquito, el padre, habló. Como maestro Feliciano. Uno que tenía un taller de Herrería cerca del puente Telde.
-Mire a ver si me espabila al gandul este, entreténgalo por ahí. Aunque sea limpiando y aprendiendo lo que pueda.

Rogándole a Feliciano consiguió meter a Perico, con 14 años y una pachorra galopante, en aprendizaje de profesión.
-¡¡No le pague. Nada!! Yo lo que quiero es que se espabile- Decía el padre.
-Bueno, Pedrito. Dígale que empiece el lunes.
Periquillo estaba el lunes, en la puerta el taller. Después de estar 1 hora parado esperando alguna iniciativa, Maestro Feliciano lo llamó y le dijo:
-Coge la Marreta grande, y vete arriba al Roque y llévasela a Manolito
Allá tiró Pedro hasta la máquina de la Azúcar. Toda la mañana para llevar la Marreta al otro Taller.
Cuando se iba a volver le dijo Manolito:
-Llévale el Yunque a Maestro Feliciano que lo necesita.
Media tarde para volver. Y así Estuvo diez días, cargando barranco arriba, barranco abajo.
Ante la socarronería de los dos mecánicos, que les costaba no partirse de risa, cada vez que aparecía Periquillo con la pachorra, cargando mandaos.
Hasta que se le encendió una luz y le dijo a Maestro Feliciano:
-Mire Felicianito. Yo creo que esto de la mecánica, no es lo mío. Me voy a segar pasto y cuidar vacas, que al menos, bebo leche y gofio.
Feli Santana
