UNA TRADICIÓN EN LA MEMORIA: LOS CHICLES DE TABAIBA

tabaiba dulceLa tabaiba dulce o mansa es una planta endémica de las Islas Canarias y además símbolo vegetal de la isla de Lanzarote. Es una especie muy extendida y resistente de las zonas bajas que a lo largo de historia ha tenido diversos usos: medicinales, para la pesca, como pegamento, como chicles para ensalivar y fortalecer la dentadura, para hacer utensilios y tapones con su madera, para calafateo, etc.

La tabaiba es un arbusto que puede tener desde un par de palmos de altura hasta uno o dos metros, o más en casos aislados; de tronco robusto, tallos ramificados, nudosos, blanco a grisáceos; hojas pequeñas, carnosas, de color verde pálido, que se agrupan en rosetas terminales; las flores se desarrollan justo en medio de las hojas donde finalmente dan lugar a un fruto globoso como un pequeño higo de color rojizo. Al cortar la planta exuda un látex blanco y pegajoso que coagula en horas quedando una masa elástica fácil de moldear o masticar.

 

chicle4Siendo el chicle una de las golosinas más populares del mundo, su procedencia y creador genera muchos interrogantes. Aunque las teorías le dan un origen reciente y moderno, ya en el año 50 antes d.c. los griegos masticaban una resina y en el siglo XVI los españoles muestran a los mayas masticando savia de chicozapote, conocido como tzictli.

En Canarias hay que mencionar los usos que los antiguos canarios daban a la leche o jugo de la tabaiba. El historiador Fray Alonso de Espinosa en una de sus crónicas se refiere a que los guanches solían masticar el látex que se extraía de esa planta para fortalecer los dientes. Estudios recientes han mostrado dentaduras de momias que debido a su buen estado se deduce que tenían algún sistema para limpiarse los dientes.

En las crónicas normandas se hace referencia al líquido blanquecino de esta planta indicando que “el país está lleno de otros árboles que destilan lecha medicinal a manera de bálsamo”. También distintos autores destacan entre la utilización más singular el uso del látex en Gran Canaria para el rasurado de la cara una especie de “cera depilatoria” que obtenían mezclando látex de tabaiba y cardón: “… untándose con este género se arranca todo el pelo, y luego templavan el rostro con leche natural del suero Della, y se quedaban muchos días señalados, hasta que era necesario volver a hazer aquel género de rasura que la naturaleza y necesidad es maestra aun entre las naciones más barvaras” (Morales Padrón, 1993).

Los antiguos canarios tenían un gran control sobre el uso del látex de la tabaiba, sus aplicaciones y las cantidades a combinar para sacarle el mejor provecho. La realidad es que las generaciones posteriores de canarios han seguido usando la tabaiba y su leche para trabajos similares a los de los primeros pobladores, pero también su transformación en chicle. Parte de la población de los últimos 50 años de las islas hemos oído hablar del “chicle de tabaiba”, pero han sido escasos los que lo hicieron o masticaron, siendo un elemento cultural que está más en la memoria que en el uso. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX su producción sufrió cierta revolución al crearse una fábrica para su fabricación y venta.

El precedente popular a esta iniciativa empresarial la tiene Luis Fajardo Reyes, natural de La Oliva, que estaba preocupado por resolver problemas cotidianos y en ese afán se metió de lleno en la preparación y distribución de ese nuevo producto que resultaba tan extraño en aquellos tiempos: el chicle. Durante esos años regalaba a familiares y amigos esta golosina, los cuales disfrutaban de esta novedad, puesto que si bien a título personal había gente que se los preparaba no contaban con alguien que los distribuyera y regalara para que otros los consumieran.chicle2

El gran artífice de la primera fábrica de chicle extraído de la leche de tabaiba fue el ingeniero Augusto Hernández Rodríguez, que se sintió atraído por este producto, tal vez después de ver en las películas norteamericanas a los actores mascando un goma rosada o después de viajar a Estados Unidos para comprobar la viabilidad de este producto. Con la contratación de trabajadores como Luis Fajardo y otros cocineros transformaron la savia de la tabaiba en entretenidos cicles desarrollando una amplia comercialización de esta golosina.

Para cortar la pasta en la producción se inventaron la transformación de una máquina de coser en una práctica cortadora, luego a cada porción se le ponía un envoltorio y de ahí pasaban a la distribución. “En los momentos de emoción mastique un chicle Tabay”, era uno de los anuncios de las campañas publicitarias que se lanzaron en la época.

La fábrica de chicles Tabay, ubicada en Las Palmas de Gran Canaria y la primera con marca registrada en España, cerró sus puertas en 1948. Después sería la firma catalana Chada S.A. con sede en Barcelona la que compre los derechos para la producción y venta de este producto trasladando la fábrica y parte de los trabajadores.

Los chicles Tabay adquirieron mayor fama y mercado en manos de los empresarios catalanes con muchas campañas publicitarias en las que se podían ver anuncios como “delicioso sedante que le permitirá el placer de una tarde deportiva” o que “producen una agradable sensación de bienestar, quitan la sed, refrescan u suavizan el paladar, perfuman el aliento y actúan como un sedante para los nervios, es además, el enemigo mortal del tedio”

En conclusión, lo que comenzó siendo un entretenimiento de los antiguos canarios, de generaciones posteriores o de muchos de los chiquillos de las islas se convirtió en un producto industrial con cierto grado de reconocimiento comercial que puso en valor el uso de la lecha de tabaiba. Según Unamuno “un jugo blanco, lechoso; jugo de los huesos calcinados de la tierra volcánica que surgió del fondo del mar”.

JUAN ANTONIO OJEDA MUÑOZ

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