LOS ENTERRAMIENTOS Y LA VIDA DE LOS CANARIOS

Tumbas en cuevas, túmulos o cistas explican cómo vivían los canarios

Túmulos en la necrópolis del Maipés de Arriba, en Agaete

LA HUELLA ABORIGEN. A partir de unas 130 fechas de yacimientos sepulcrales en Gran Canaria, cuatro arqueólogos ordenan en el tiempo las prácticas funerarias de los indígenas canarios mediante un sistema estadístico que revoluciona el conocimiento, disperso hasta ahora, de sus enterramientos y de la evolución de su sociedad durante más de mil años. Los cementerios son el reflejo de su economía y la mayor o menor jerarquización social de estas poblaciones. 

La pugna entre una sociedad más igualitaria y la que surge cuando la agricultura tiene excedentes, se refleja en picos de violencia letal entre individuos y grupos

Los propios autores de la investigación se han quedado sorprendidos tras los resultados del análisis comparativo de las prácticas funerarias de la población indígena de Gran Canaria durante más de mil años. Lo acaban de dar a conocer Javier Velasco (técnico del Servicio de Patrimonio del Cabildo), Teresa Delgado (conservadora de El Museo Canario) y Marco Moreno y Verónica Alberto (de Tibicena Arqueología y Patrimonio). “Aunque algunos trabajos empiezan ya a hablar de cambios y desarrollo social en la sociedad aborigen, hasta ahora hemos tenido una imagen bastante estática”, explica a PELLAGOFIO esta última.

“Gran Canaria es la isla del archipiélago que mayor variabilidad tiene en las prácticas funerarias y mayor complejidad en sus manifestaciones, lo que se puede extrapolar a las condiciones de vida, a las formas de organización social y a los sistemas políticos”, añade.

¿Cuándo llegaron los canarios?

¿Desde cuándo están los canarios en la isla?, es la primera pregunta que cabe hacerse para empezar a desarrollar la cronología de sus distintos tipos de enterramientos y su significado. “Teníamos como fecha de consenso para esta llegada el siglo V a. de C. –continúa–, pero en los últimos años se ha ido trasladando esa fecha hacia el cambio de era y, después, tenemos toda una serie de prácticas funerarias hasta 1483, año de la desestructuración y la desaparición del orden social de los canarios”.

Los muertos más antiguos localizados en sus tumbas datan del siglo V de nuestra era. «Más atrás no hay nada», dice Verónica Alberto

Para ordenar en el tiempo esos enterramientos disponían de unas 130 fechas de yacimientos sepulcrales, una serie a la que han aplicado un sistema de estadística bayesiana. “A esa estadística le vamos dando información y te crea un modelo”, dice, y eso es lo que han obtenido.

De entrada, las fechas “calibradas y reales” que dan los muertos más antiguos localizados en sus tumbas datan del siglo V de nuestra era (y no antes). “Más atrás no hay nada, aunque la estadística te da un margen un poco mayor para el origen de poblamiento (hasta el s. III), lo que no quiere decir que en cualquier momento no pueda aparecer algo más antiguo”, precisa esta arqueóloga.

Los primeros habitantes son poblaciones agropastoriles, buscan perfiles de territorio que se adapten a ellos y se van a valles y montañas

Cueva funeraria en el barranco de Guayadeque

Cuevas para enterramientos colectivos

Estos primeros pobladores eran gentes que llegaron del norte de África “con todo su bagaje cultural, enseres, semillas y animales necesarios para colonizar la isla y tener éxito, y la ocupan de forma efectiva”. Su modelo de ocupación del territorio los lleva al interior, las fechas más antiguas los sitúan en el barranco de Guayadeque, la Caldera de Tirajana y la Cumbre. “Son poblaciones agropastoriles y buscan perfiles de territorio que se adapten a lo que ellos iban a explotar con sus animales y semillas, por eso se van a valles y montañas”. Viven en cuevas y entierran a sus muertos en cuevas.

«El peso de la comunidad es muy importante, por eso las expresiones de ritualidad funeraria en cuevas colectivas» VERÓNICA ALBERTO

Desde su llegada y hasta el siglo VII no hay otro tipo de cementerios que los enterramientos en cuevas que están integradas en los lugares de habitación (las cuevas funerarias están en los espacios donde viven, conviviendo de modo físico y estrecho con las cuevas de habitación); que son espacios colectivos (se entierra mucha gente, generación tras generación, de la misma comunidad); y que tienen un perfil demográfico amplio (está representada toda la población, hombres y mujeres; adultos, jóvenes y niños). Los primeros siglos de su presencia en la isla los indígenas viven en una sociedad bastante homogénea. “Las identidades sociales son bastantes parecidas, no se destaca un grupo de individuos por encima de otros. El sentido de lo colectivo es muy fuerte, el peso de la comunidad es muy importante, por eso esas expresiones de la ritualidad funeraria en cuevas colectivas”, describe.

Cambio tajante a túmulos

El tiempo pasa y, de repente, surge un nuevo modelo de enterramiento en túmulos, estructuras de piedra de mayor o menor porte que cubren el cadáver. Apenas tiene un par de siglos de vigencia, pues surge en el VIII y sólo dura hasta el XI.

El enterramiento en túmulos del VIII al XI es una exaltación del individuo como ente social, el triunfo de la asimetría

“Surge de una forma muy contundente, algo que sorprende porque los procesos sociales son paulatinos y sólo en épocas de crisis se producen tan tajantes, rompiendo de forma drástica con lo anterior. Representa una ruptura y un cambio social importantísimo”, quiere destacar Verónica Alberto. El enterramiento en cuevas continúa existiendo, pero la estadística en este período indica que “decrece considerablemente”.

Uno de los túmulos de la necrópolis del Maipés de Arriba, con la tumba al descubierto

Ahora se trata de grandes cementerios localizados de forma más restringida geográficamente (cuevas funerarias hay en toda la isla, pero los cementerios tumulares se concentran en malpaíses [1] y, en un caso, una avalancha de piedra [2]); en espacios muy agrestes y áridos de gran relevancia visual (el espacio de los muertos se identifica desde lejos, con el negro de las coladas de lava o el rojo de la piedra oxidada, frente al paisaje verde); son los de mayor rango en la isla, por el gran número de tumbas que alberga (congregan personas de diferentes poblados y lugares); el perfil demográfico es distinto, pues aquí no se entierra a niños menores de un año (que siguen estando en las cuevas) y, sobre todo, se pasa del mundo colectivo de una comunidad homogénea a la exaltación del individuo como ente social (son tumbas individuales, unas más preeminentes que otras –raramente hay dos personas enterradas juntas–: es el triunfo del individuo y de la asimetría).

“La organización de estos cementerios, con túmulos de mayor tamaño ocupando lugares preeminentes a cuyo alrededor se articulan los túmulos pequeños, indica cómo se organiza la comunidad de los vivos. La evidencia arqueológica de esta asimetría habla de una sociedad más jerarquizada en Gran Canaria”, destaca.

Llegan las cistas y las fosas

A partir del siglo XI desaparece el uso de los túmulos y vuelve a predominar el de las cuevas, aunque ya no son cuevas grandes ligadas a los espacios de habitación, como al principio. Siguen siendo enterramientos colectivos, pero con un número más reducido de cadáveres… por poco tiempo. En el siglo XII aparece lo que estos investigadores llaman “el mundo de las cistas y las fosas” y concluye con la conquista (algunos cementerios denominados túmulos, como los de Tenefé o La Guancha, son cistas, diferentes a los cementerios tumulares en malpaíses).

«El entierro en cistas es el triunfo del sistema agrícola, cuando se ocupan las grandes vegas de las desembocaduras de los barrancos»VERÓNICA ALBERTO

Enterramiento en cista en Lomo de Caserones (La Aldea)

De nuevo “es un cambio muy radical social y políticamente”, destaca Verónica Alberto. Las cistas (cajones de piedra en los que el cuerpo no se entierra, sólo se coloca dentro y se tapa con lajas de piedra, arquitectónicamente túmulos en cuanto que construcciones que sobresalen en la parte aérea de la tumba, aunque de forma más discreta) vuelven a tener una concreción temporal muy restringida y concreta: siglos XIII y XIV, básicamente. Tienen su máxima expresión en las zonas de costa (La Garita, Tufia, Melenara, Tenefé, El Llanillo, La Guancha…) y están ligados, otra vez, a los espacios de habitación (muy cerca o dentro de ellos).

“Es un cambio en el modelo económico y de organización social –advierte–. Es el triunfo del sistema agrícola, cuando se ocupan las grandes vegas de las desembocaduras de los barrancos, terrenos fértiles para una agricultura intensiva, pero, también, una explotación mucho mayor del medio marino como fuente de recursos”. En estos entornos surgen nuevos poblados y, con ellos, sus cementerios asociados.

Estos cementerios de costa en realidad combinan dos tipos de enterramiento; en cistas y en las más sencillas fosas (un agujero excavado en el que se entierra directamente). “Ya no hay vuelta atrás y la comunidad nunca volverá a ser tan importante, ahora se trata del individuo y el rol social que tiene cada uno, aunque aquí no es tan visible y evidente como en los túmulos. Pero el rol social de los individuos es el que rige la ordenación de estos cementerios”, dice. Y como en los túmulos de los malpaíses, no hay recién nacidos, que se entierran en las casas y en cuevas específicas para ellos.

Una cosa no cambia, el tratamiento del cadáver permanece idéntico con cuerpos envueltos en pieles o esterillas conformando paquetes funerarios rígidos: las momias

Que sean enterramientos individuales no quiere decir que no pueda haber cistas colectivas: en Las Crucecitas (Mogán) se ha localizado una cista con 15 individuos dentro. “No es una tumba colectiva exactamente –explica–, porque la cista actúa como el cementerio: muere una persona y la entierran en la cista, pasa el tiempo y entierran a otra en el mismo espacio y así, pero sigue siendo el individuo el que organiza el espacio”.

Mil años de momias

Las poblaciones agropastoriles que llegaron del norte de África crearon comunidades con un modelo de sociedad pastoralista, aunque practicasen también la agricultura. Las relaciones del grupo eran más igualitarias, pero evolucionaron en Gran Canaria hacia sociedades agricultoras con una forma de organizarse diferente a la de las sociedades pastoralistas: la jerarquía está mucho más marcada, la producción implica relaciones de desigualdad con la aparición de excedentes que se guardan en graneros colectivos, donde cada familia o grupo tiene almacenada e identificada su propia reserva de alimentos y semillas (el único caso en el archipiélago canario).

Los graneros para el excedente coinciden en el tiempo con los cementerios en túmulos; la desigualdad se acentúa cuando aparecen los enterramientos en cistas

La pugna entre una sociedad más igualitaria y la que surge después tiene reflejo en picos de violencia letal entre individuos y grupos de esas comunidades. Sólo una cosa no cambia en más de mil años de poblamiento y tumbas. Pese al cambio en el patrón sepulcral a lo largo de los siglos, reflejo de las relaciones sociales –los graneros para guardar el excedente coinciden en el tiempo con los cementerios en túmulos; la desigualdad se acentúa cuando aparecen los enterramientos en cistas y fosas–, el tratamiento del cadáver permanece idéntico: cuerpos envueltos en pieles de animales o en esterillas de junco, o las dos cosas al mismo tiempo, conformando paquetes funerarios rígidos, las momias, que se han conservado mejor en las cuevas debido a las condiciones ambientales.

En el XV, el siglo de la conquista, sin embargo, no hay muertos. “No sabemos si es un problema cultural (la desestructuración de esa sociedad rompe con su orden y no pueden cumplir con sus prácticas funerarias) o un problema de muestras (las poblaciones que tienen una dieta rica en productos marinos como las de esta sociedad del final, tienen un aporte extra de carbono en su organismo que hace envejecer un poco las dataciones y algunas que tenemos del siglo XIV podrían ser también del siglo XV: eso se llama efecto reservorio): todavía no lo hemos resuelto”.

Los enterramientos clandestinos en cuevas tras la conquista «los interpretamos como una forma de resistencia cultural», observa Verónica Alberto

Lo que sí hay con posterioridad al siglo XV y durante algún tiempo son enterramientos clandestinos. “Se vuelve a enterrar en cuevas, aunque es una práctica proscrita por las autoridades castellanas. Hay denuncias y dataciones de enterramientos en cuevas que interpretamos como una forma de resistencia cultural”, observa Verónica Alberto. Obviamente, es más difícil enterrar de forma clandestina en cistas y fosas que llevar al cadáver a una cueva, que, por otra parte, “representa un elemento identitario para las poblaciones aborígenes, es el elemento sepulcral que tiene más vigencia, pues lo han practicado desde que llegaron hasta el final”.

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[1] Como el Maipés de Arriba y el Maipés de Abajo en Agaete, el desaparecido cementerio aborigen de La Isleta o la necrópolis del Gallego en Jinámar.
[2] La necrópolis de Arteara, en el barranco de Fataga.

YURI MILLARES (PELLAGOFIO)

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