OPINIÓN

UNA EDUCACIÓN EMPOBRECIDA Y ASADA DE CALOR

Javier Durán

La ola de calor que asola las tierras resecas del Archipiélago demuestra, sin necesidad de hacer números, que la educación lleva décadas arrimada en las cuentas de la autonomía, de la misma manera que un mendigo a la espera de una limosna.

Las temperaturas salvajes de las aulas y la antigüedad de sus sistemas eléctricos, incapaces de soportar la instalación de un aire acondicionado, desvelan hasta qué punto se ha preferido la glotonería por las rotondas, circunvalaciones y puentes. Los alumnos canarios tienen que dejar de ir a clase para no morir asados como pollos o pollitos.

Nadie había caído en el detalle de que cíclicamente hay olas de calor, y que cada vez son más severas por culpa del cambio climático. ¿Se tomará alguna medida extraordinaria con el objetivo de proceder a la actualización de unos centros educativos obsoletos? No.

El último esfuerzo titánico que se hizo en favor de la educación en las Islas, dirigido a paliar las bajas tasas de escolarización, fue a principios de los ochenta, con el consejero Balbuena realmente abrumado por un panorama desolador. Nadie puede negar los avances conseguidos para taponar las heridas de aquella sociedad tomada por el analfabetismo.

El cierre de los colegios pone sobre el tapete una necesaria reconversión, también demolición, de un patrimonio de edificios que no está preparado para enfrentarse a una ola de calor. Ni los padres ni los alumnos pueden estar a expensas de las subidas o las bajadas de temperatura, dado que las dos variantes están incrustadas en la crisis climática y se ponen de manifiesto de la noche a la mañana.

El asunto va más allá de la decisión salvífica de devolver a los pequeños a sus familias, como si se tratase de un paquete exprés con la dirección errónea. El asfixiante calor, miren por dónde, pone de manifiesto la dejadez, en algunos casos abandono, en la que se encuentran los colegios repartidos por barrios y pueblos. Si esto es así en lo que se refiere al poder calorífico, mejor ni pensar cómo nos encontramos en tecnologías punta para una educación competitiva.

JAVIER DURÁN

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