A VISTA DE HORMIGA

Y a esta distancia del mundo una mirada detecta el miedo, la increíble fortaleza del gigante que, por debajo de su media, no alcanza a ver vida minúscula. Equivocada estaba mi hermana betún, la hormiga, cuando gritaba vienen a por nosotras, que son muy grandes y tienen cornamenta.

-Nos miran con espanto o asombro, tenemos que bajar debajo de la hoja, a buscar cobijo, no quiero ni pensar si me barren a los intestinos de un lengüetazo. Ese lugar oscuro, lleno de líquidos y medusas, agg¡¡ asco.

-Qué más da- dijo la coja del grupo de siete que se habían quedado mirando los ciervos y charlando la siguiente jugada.

Salta boliche.

-Quien apuesta conmigo que estos renos no han visto ni la hoja que mantiene nuestras patas, ni el sudor del trabajo de toda la mañana, son demasiado grandes para reparar en nuestra belleza y estilo

Decían incitadas por la propaganda de las abejas de cristal, que se leían en los cuentos de la escuela.

-No imagino ni tan siquiera si adivinan que estamos por aquí, con esos ojazos de luna triste de abril. Dicen que los cuernos son tan antiguos como grandes y los retoños abundan. Y yo con estas antenas negras que apenas lucen espacio- comento Zorrita.

-A trabajar-dijo “Latiguilla”, la encargada, más atrás de la fila de curiosas- dejarse de cotorreos, que esta hoja tiene que avanzar hasta el terrario mayor, para cubrirnos de las lluvias que se avecinan. Han oído… Racimo de uvas negras rancias. 

FELI SANTANA

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