SERÁN FASCISTAS, PERO NO SABEN GOBERNAR

BENJAMIN PRADO

¿Qué es un buen gestor? Quien organiza lo que hay, lo reparte con eficacia y le saca el mejor rendimiento posible. En el terreno de la política, eso significa, además, hacerlo de manera justa, porque la obligación del gobernante es manejar los recursos de un país, una región o un municipio de forma útil, atendiendo a las necesidades de la población e intentando que toda ella tenga asegurados sus derechos y cubiertas las necesidades básicas que lucha por garantizar cualquier democracia, de manera que la sociedad en su conjunto se beneficie de forma proporcional y equitativa de los servicios que se financian con los ingresos públicos. Como, además, esto es, al fin y al cabo, una cuestión de números, debería de ser fácil identificar a quienes están en un cargo público para conseguir todo eso y quiénes no lo hacen o lo hacen peor o han venido a otra cosa. Pero no lo es, porque siempre han existido el cinismo, la demagogia y otras malas hierbas, y ahora se les han sumado las redes sociales, que multiplican cualquier cosa hasta el infinito, para bien y para mal.

Por ejemplo, que en marzo haya dos mil novecientos veintiún parados menos y veinticuatro mil afiliados más a la Seguridad Social, debería de recibirse como una buena noticia, entender que se está en el buen camino, aunque todavía quede mucho por recorrer y aún suenen a quimera esos Ítaca o Eldorado laborales que llamamos “pleno empleo.” Ochocientos cuarenta y un mil desempleados menos en doce meses y, sobre todo, más de medio millón de contratos indefinidos en el último, también, y más cuando todo surge de un acuerdo entre el Ejecutivo, las empresas y los sindicatos. Pero la rivalidad entre partidos evita que alguno de ellos reconozca el más mínimo éxito del adversario, y el envenenamiento de la convivencia que lleva a cabo con sus discursos la ultraderecha provoca altercados como algún paro patronal sospechoso o huelgas como la del transporte, que ha puesto en jaque el abastecimiento en España y que estaba liderada por un individuo cercano a Vox en cuyo pasado reciente había episodios complicados como la quiebra y suspensión de pagos de su firma de transporte y la falta de pago a sus trabajadores. Sus mensajes en las redes, llenos de insultos y salidas de tono contra los inmigrantes, el feminismo o la ministra Irene Montero, daban pistas sobre su ideología.

El fascismo se asienta en Castilla y León

Otros ejemplos. El discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre la libertad y su campaña de prestigio de sí misma, presentándose no como culpable de aquello por lo que la investigan las fiscalías de la Unión Europea y España, es decir la malversación de caudales públicos, sino como víctima de espionaje por parte de su propio partido, cosa que este ha solventado echando a quienes la investigaban y respaldándola a ella, puede sonar a sus partidarios a música celestial y a sus enemigos a ruido de latas atadas a un parachoques, pero que en el último año la lista de espera para el especialista se dispare un sesenta y cinco por ciento en la región durante el último año no parece que sea un dato que admita grandes matices. Pero hay quienes miran para otra parte o le echan la culpa a La Moncloa, que para eso está.

“Seremos fascistas, pero sabemos gobernar”, dijo en su día el ocurrente regidor Almeida. La segunda parte de la frase está en discusión; la primera, él sabrá cuáles son sus verdaderas ideas, aunque sus pactos dan una idea bastante aproximada

En el ayuntamiento de la capital, donde el alcalde Almeida y su socia de Ciudadanos, Begoña Villacís, se llenaron en su día la boca con la palabra “austeridad” y denunciaron el supuesto despilfarro de la corporación local que les precedió, resulta que hoy en día se gasta sólo en directivos y asesores un 18,4% más que con Manuela Carmena. Más Madrid ha mostrado, con las cifras en la mano, que el PP y sus compañeros de viaje gastan siete millones de euros más al año que el anterior equipo. Como respuesta, la coalición de la derecha atribuye el incremento en estructura a «una cuestión de eficiencia» y, cómo no, se defiende con el ventilador en la mano, calificando al Ejecutivo central como «el más manirroto e incompetente de la historia”. A estos se les cae un vaso, se rompe y le echan la culpa al cristalero.

En realidad, la cosa es peor, porque a esos siete millones hay que añadir otras cantidades destinadas a cargos nombrados a dedo, y si se suman lo que importan concejales, directivos y eventuales, que ellos los llaman así, el resultado es de treinta y tres millones novecientos mil euros, mientras que en el anterior mandato era de veintisiete millones trescientos mil. O sea, que los directivos y eventuales nos cuestan ahora un 24,17% más. “Seremos fascistas, pero sabemos gobernar”, dijo en su día el ocurrente regidor Almeida. La segunda parte de la frase está en discusión; la primera, él sabrá cuáles son sus verdaderas ideas, aunque sus pactos dan una idea bastante aproximada de por dónde van los tiros o, al menos de que en su opinión no es ninguna tontería eso de que el fin justifique los medios. En la última convención de su partido, la que sirvió para confirmar a Alberto Núñez Feijóo, el nuevo jefe de los conservadores, que está ante una oportunidad de oro de demostrar que se equivocan o son maledicentes quienes dicen en Galicia que “tiene más sombra que cuerpo”, su antecesor y quién sabe si modelo, Mariano Rajoy, afirmó que “siempre tiene que ser el PP quien arregle la economía”, aunque con él en el poder los contratos indefinidos jamás pasaron del 10 %. Los antecedentes no le dan la razón en todos los casos, porque su tiempo estuvo lleno de convulsiones económicas que él atribuyó a la herencia recibida, a la situación internacional y demás, pero el caso es que, por ejemplo, en Madrid y a fecha de hoy, como hemos visto, tampoco se la da la actualidad. Las cosas van bien para algunos, esos que se han llevado el dinero por el que se investiga a Ayuso, pero al resto no le va tan bien. A ver si va a hacer falta darle un retoque a la frase del alcalde y decir que serán fascistas, pero no saben gobernar.

BENJAMÍN PRADO

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