QUE NO VENGAN

Juan Carlos Hernández

Ayer, 18 de diciembre, se celebró el Día Mundial del Migrante. En 2019, el número de personas migrantes alcanzó la cifra de 272 millones, 51 millones más que en el año 2000, el mayor número registrado hasta ahora. 

Muchas de esas personas llegaron a las Islas a lo largo de este año. Lo hicieron jugándose la vida, porque la ruta canaria es la más peligrosa para llegar a Europa. En 2020 ha segado la vida de 593 migrantes, un 33,4% de las 1773 muertes registradas oficialmente. Quedan al margen las desapariciones de las personas que no han sido encontradas. 

Migrantes llegando al puerto de Arguineguin

Migrantes que han venido a Canarias, a España, a Europa “para poner en jaque nuestro Estado del bienestar. Nos van a quitar nuestros trabajos, nuestros recursos, nuestra sanidad…” escucho a algunas personas y representantes públicos. 

Tirando de datos y estadísticas, algunos números nos pueden y nos deben ayudar a entender la realidad y a tratar de entender por qué hay personas que están dispuestas a jugarse la vida por llegar a nuestras costas. 

Las personas que vivimos en lo que denominamos como Primer Mundo o Mundo desarrollado, el 20% de la población mundial, consumimos el 80% de los recursos que produce el planeta. Además de provocar un déficit ecológico totalmente insostenible, en la práctica, esta vorágine depredadora de los países ricos implica que el 80% restante de las personas, la población pobre, tiene que vivir con el 20% de los recursos. Pero no. Que no vengan. 

El Producto Interior Bruto por Persona en España es de 30 391 dólares, según los datos del Banco Mundial. Aquí al lado, en la costa occidental africana, en Senegal, es de 1522 dólares; en Mauritania 1189 y en Guinea Bissau 778. No hay otro lugar en el mundo que registre en tan poca distancia, un salto de renta tan grande. 

La región subsahariana detenta, en porcentajes mundiales aproximados, un 20% de las reservas de uranio, un 90% de cobalto, un 40% de platino, un 65% de manganeso, entre un 6% y un 8% de las reservas de petróleo y un 50% del oro y diamantes que son objeto de comercio internacional, además de volúmenes importantes de otros minerales, materias primas y recursos hidroeléctricos. La inmensa mayoría de estos recursos son explotados por empresas del Primer Mundo, con mano de obra local, que trabaja y vive en condiciones deplorables. Pero no. Que no vengan. 

Las consecuencias del cambio climático, fruto del calentamiento global provocado, fundamentalmente, por los países del Primer Mundo y los gigantes en desarrollo, está afectando especialmente a las poblaciones de los países pobres. Las sequías impiden el desarrollo de su principal actividad: la agricultura y la ganadería. Pero no. Que no vengan.

Las principales empresas suministradoras de armamento (el negocio más lucrativo del mundo) para los conflictos que se producen en muchos de estos países, son del Primer Mundo. Son las mismas empresas que luego suministran los sistemas de seguridad fronterizos para que las personas exiliadas a causa de esos conflictos, no puedan llegar hasta nuestras fronteras. 

Podría seguir poniendo ejemplos, pero déjenme que exponga el más reciente. En 2021 comenzará a vacunarse contra la COVID19. Si reciben todas las dosis de vacuna que han anunciado, la Unión Europea podría vacunar a toda su población dos veces. El Reino Unido y Estados Unidos podrían hacerlo cuatro veces y Canadá seis.

Al mismo tiempo, los países pobres sólo podrían vacunar, como máximo, al 20 por ciento de su población durante 2021.

Pero no. Que no vengan. 

Mi pregunta es: ¿y nosotros qué haríamos?

La respuesta está en nuestra historia. Una historia que conocemos todos.

Otra cosa es que algunos la hayan querido olvidar desde que formamos parte del selecto club del Primer Mundo.

Juan Carlos Hernández Atta

Portavoz de Asamblea Valsequillera AV

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