LA RECOMPENSA DEL ESFUERZO

El otro día…
Los primeros amigos que recuerdo son mis vecinos de la calle Juan Pulido Castro, hoy Calle Isla del Hierro, eran los hijos de Rosa Atta y José Antonio Atta, cuando mi calle era tan solo la entrada a la finca de Don Justo, y mi casa lindaba con la finca de Doña Paula por un lado y por el otro con las tierras que cultivaba Paquito Hernández, que desde mi casa hasta el cementerio araba duramente a yunta, eran otros tiempos…
En la carretera jugábamos con total tranquilidad pues no había tráfico alguno, tan solo el camión verde de Paquito, y los fines de semana veíamos entrar, creo que, en un Jaguar gris a Don Justo. La única preocupación era que no se nos cayera la pelota en el cultivo de papas. Alguna bronca nos llevamos de Aurelita si nos veía atravesar los surcos para buscar la pelota…
Cualquier pretexto era bueno para jugar, ya que además del fútbol podíamos escenificar películas del oeste, escapar de la justicia a lo Curro Jiménez, o disparar pistolas láser de Galáctica-Estrella de Combate.
Aún recuerdo que cuando íbamos a buscarnos unos a casa de otros, en vez de tocar la puerta pegábamos el grito de aquel Tarzán en blanco y negro de las películas del sábado en la tarde, y siempre daba como resultado que era más efectivo que tocar un timbre.
Todo este era mi entorno: los hijos de Rosa, sobre todo Manolín (ya creció y hoy lo llamamos Manolo), Juan Carlos y su primo Alexis, hijo de José Antonio, compartían horas y horas de juego con mis hermanos Dande y Viktor, aunque en ocasiones se sumaban Rosa, Isabel, Berta y Sara, y si era para fútbol bajaban José Miguel y Chuché, que eran mayores que nosotros, todos ellos o primos o hermanos entre sí.
En mi casa tengo recuerdos de que muchas veces merendaban el pan alemán que preparaba mi madre con nocilla, sobre todo Manolín, Juan Carlos y Alexis. Los más chicos eran mi hermano Viktor y Juan Carlos. Recuerdo que cuando Viktor hacía algo que sorprendía a Juan Carlos este decía con los ojos abiertos: – “ya Pitols…”, en fin, el otro día…
Toda esta descripción de aquel mundo que por suerte me tocó vivir en mi infancia, es para felicitar a una de esas personas que me acompañó como familia en mi niñez, y que aún hoy sigue siéndolo. Fue un orgullo ver como todo el trabajo que has hecho ha dado fruto, y te has convertido en uno de los referentes de este pueblo. Para mí fue muy emocionante ver como te asomabas al balcón del ayuntamiento y saludabas a tus vecinos. Tienes, junto con el grupo de gobierno, una tarea que no es fácil, pero si alguien puede hacerlo y máxime con ese equipo, eres tú.
Muchas Felicidades hermanito. Me alegro de corazón. Sé lo que te ha costado y sé lo buena gente que eres, (además ya sabes pronunciar el nombre de mi hermano). Un abrazo enorme.
HERMANN HELLBUSCH
