INCAPACIDAD PARA GESTIONAR LA DISCREPANCIA

El artículo, “Anonimato, difamación y estrategia, ….”, pretende dar lecciones sobre convivencia, respeto y calidad democrática en Valsequillo. El problema es que quien lo firma difícilmente puede erigirse en referente de esos valores. Porque en política, antes de pedir ejemplaridad, hay que ejercerla. Y aquí es donde el discurso se cae.
No se puede hablar de diálogo cuando se ha demostrado, en múltiples ocasiones, una incapacidad evidente para gestionar la discrepancia. Cuando alguien no opina igual, la respuesta no es el debate, sino el distanciamiento, el silencio o directamente la exclusión. Eso no es liderazgo: eso es inmadurez política.
Tampoco se puede hablar de participación ciudadana mientras se intenta controlar quién participa, cómo participa y en qué condiciones. La participación real es plural, incómoda y libre. Lo otro es escenografía.
Los hechos en Tenteniguada, y la relación con distintas asociaciones y colectivos del municipio, evidencian una constante: escuchar solo a quienes refuerzan tu posición. Gobernar, o haber gobernado, no es rodearse de afines, es saber convivir con quien piensa distinto. Y ahí, sencillamente, no ha estado a la altura.
Más aún: cuando una parte importante de las personas que impulsaron un proyecto político en sus inicios ya no están, y cuando antiguos compañeros de gobierno prefieren tomar distancia, lo razonable no es dar lecciones, sino hacer autocrítica. Porque cuando todo el mundo se va, el problema rara vez es “todo el mundo”.
Resulta especialmente llamativo el intento de apropiarse del concepto de “paz social”. La estabilidad institucional que ha vivido Valsequillo no es fruto de una persona, sino del trabajo responsable de otros actores que supieron anteponer el interés general a las siglas. Reescribir eso es, como mínimo, poco honesto.
Y basta ver un pleno para entender la distancia entre el discurso y la realidad: formas tensas, tono altivo y una manera de dirigirse a los demás que dista mucho de ese respeto que ahora se reivindica en papel.
Por eso, este tipo de artículos no contribuyen a mejorar el clima político. Al contrario: lo deterioran, porque intentan proyectar una imagen que no se corresponde con la experiencia de muchos vecinos, trabajadores, asociaciones e incluso antiguos compañeros.
La ciudadanía no es ingenua. Sabe distinguir entre quien habla de respeto y quien lo practica. Y en política, el problema no es lo que se dice, sino lo que se hace.
(PERFIL FACEBOOK VALSEQUILLO DESPIERTA)
