¡¡AY TEROR, TEROR, TEROR!!

Merecido homenaje el que desde Valsequillo se llevó a Teror el lunes, en la Romería a la Virgen del Pino, dedicado a las familias que hacían «el pan nuestro de cada día». Tradición panadera de años, de siglos, una familia que temprano en la madrugada empezaba su trabajo.
Elaboraban ese sustento para cubrir una necesidad básica que tanta hambre mató especialmente en tiempos difíciles, en el pueblo de Valsequillo y en todos los pueblos.
«A falta de pan buenas son las tortas», el pan primero y con los restos de harina terminaban haciendo humildes tortas, cuenta mi madre que hacían su Abuelo Andrés y Mamá Carmen en el horno a la orilla del barranco de San Miguel.
Mi suegro cantaba después de regresar de la guerra, allá por los años 40, aquella estrofa que decía:
«Permita dios del cielo
que el pan se ponga barato
porque si no las tripas
pasarán muy malos ratos.»
A como va vida, esta estrofa cada vez más actual.
ELSA MARÍA LÓPEZ LÓPEZ
