LAS FALSEDADES DEL PASADO NO TAPAN LA REALIDAD

Vamos a ver si nos aclaramos, señores… aquí no se puede venir ahora a hablar de diálogo cuando durante años lo que había era otra cosa muy distinta. Porque cuando alguien no pensaba igual, no había debate ni historias: había silencio, distancia… o directamente te dejaban fuera. Así, sin mucho disimulo.
Un ejemplo clarito: el Día del Vecino. Durante 14 años, vecinos eran los que estaban en el “sí bwana”, los que bailaban el agua y no levantaban la voz. Si no estabas en esa onda… pues mira, vecino, vecino, lo que se dice vecino, como que no eras. Y todo eso además con recursos públicos, que tiene su gracia. Pero nada, a eso se le llamaba “convivencia pacífica y entrañable”.
¡Y es eso lo que pretendes vender ahora!
Y lo de las trabas… eso era fino, fino. Si no eras de los suyos, aparecían papeles, pegas, retrasos… lo que hiciera falta. Ahora, si eras de la cuerda, alfombra roja y pa’dentro. ¿Eso también era paz social, Paco? Porque hay que tener arte y una jeta de cemento pa’ llamarlo así, de verdad.
La participación… bueno, eso ya era de manual. Aquí participaban los mismos de siempre. Los demás, ni estaban ni se les esperaba. Y si alguien venía con algo distinto, se le cortaba el vuelo antes de despegar. Participación, sí… pero con mando a distancia y pilas nuevas.
Gobernar no es rodearte solo de los tuyos, es convivir y compartir con el que piensa distinto, aunque te pique. Pero eso aquí no se llevó mucho. Y así acabó la cosa: gente marchándose, la agrupación Asba desinflándose, y la democracia interna… desaparecida en combate.
Y con los trabajadores, tres cuartos de lo mismo. Esto no lo digo yo, lo dice medio pueblo: actitud altanera, maneras de “aquí mando yo” y el que no aplauda… puerta. Así de claro.
Y ahora viene el cuento de la “paz social”. Ahora resulta que antes todo era maravilloso y ahora es cuando está mal la cosa. Hombre, por favor… un poquito de seriedad (ya sé que es mucho pedir).
Porque lo que pasa aquí es más sencillo: cuando uno se acostumbra a mandar sin que le tosan, luego le cuesta ver la realidad cuando cambia el panorama. Y claro, desde fuera, desde tu realidad todo parece un desastre… pero más bien es que ya no es como antes.
Hoy la cosa es distinta. Mejorable, seguro, como todo. Pero más abierta, más normal y más clara. Aquí ahora es vecino todo el mundo, vote lo que vote. Y la transparencia… vamos, que se ve hasta el fondo del vaso, cristalina.
Pero claro, eso a algunos les descoloca. Y por eso salen con ese relato raro, negativo, como si nada valiera y todo estuviera peor. Cuando la gente en la calle está viendo justo lo contrario.
En fin… que menos cuentos y más memoria. Que aquí nos conocemos todos.
MIGUEL MONZÓN

