PAQUITO GALVÁN O, HACE AÑOS, AQUELLA FIESTA DE SAN JUAN

Hablar de Paquito Galván es, ante todo, hablar de un gran referente humano, social y entrañable de la no menos entrañable y señera Tenteniguada.
Trabajador, vital y entusiasta como el que más, estaba siempre dispuesto para echar una mano en cuantas movidas o rebambarambas surgieran por esto andurriales de Dios o de la geografía insular. Fuera Tele-Club, Plaza de San Juan, juntas vecinales o, incluso, ayudas a particulares que lo necesitaran, etc.
Probablemente, por la edad y conociéndolo, colaboraría en la construcción del cementerio, pero como yo por esos entonces apenas tendría de tres a cuatro años, lógicamente, no puedo dar fe de tal cosa. Lo que sí recuerdo medianamente bien, aparte de los trabajos antes mencionados donde coincidíamos con cierta frecuencia, fueron las innumerables fiestas de san Juan y si hurgamos en el pasado o me apuran un poco, algunas que otras de San José que llegamos a compartir. Pero especialmente recuerdo una que se hizo allá por los años ochenta-noventa del pasado siglo y que es la que me ha traído aquí y ahora.
Sucedió que aquel año como en otros tantos tocaba crisis. A decir verdad, a quién le tocaba o entró en crisis fue Armando Peñate, del cual dependíamos todos para casi todo. Para dar ideas, buscar cosas, comprometer a gentes…en pocas palabras, para calentar y poner en marcha los motores. Debía estar amulado con alguien o por algo ( amularnos de una fiesta a otra era algo natural, normal, como si dijéramos, un clásico entre nosotros) que el hombre-retomo el hilo- no daba señales de vida y el tiempo se nos echaba encima como la carga pesada y abrumadora que siempre ha sido y es. La cosa fue que apenas quedaban diez o doce días para las sanjuaneras y no había un triste guirre que quisiera formar parte de la comisión y por más que el cura, desde el púlpito, se desgañitara arengando a los feligratos para que se animaran y dieran un paso al frente, la peña estábamos por no.
En tanto, iba aumentando la inquietud en los corrillos vecinales que ya empezaban con la provocancia y cantinela de siempre. ¿Y…este año no va a haber fiesta? Yo les veo a ustedes muy apagados. ¿O es que ya se pusieron todos ricos? ¿Y qué dice Armando que ni se le ve el pelo por estos alrededores?
Y así hasta agotar el repertorio de la maledicencia y de paso, si podían, agotarnos a nosotros también con sus sarcasmos y mala leche. Pero como ocurría afortunadamente y desde tiempos ha, siempre aparecían algunos voluntariosos o apagafuegos dispuestos a jugársela para defender y mantener el orgullo patrio-festivalero-tenteniguadense alto, intacto e inmaculado. Para entendernos, y a riesgo de adelantar los hechos, otra vez el marrón nos tocaba a nosotros por meteretas.
Aquel año y aquella tarde noche andaba yo trasteando por lo que sería mi futura casa, cuando aparecieron por allí en tropel y con aires casi marciales una tropilla, y valga la redundancia, de humanos. Pepe Cabrera el del Rincón, Antonio Peñate el carpintero, Paco Suárez el del cuarto, Miguelito Galván no venía (él siempre fue alérgico a reuniones y asambleas, aunque después trabajaba como ninguno en las fiestas y en lo que fuera) y por último nuestro protagonista, que de sobra está decir que era el que llevaba la voz cantante de aquel precipitado e improvisado mariachis sanjuajero.
-No, no. Esto no puede ser así amigos míos -Dijo a modo de saludo y apenas encaró conmigo.
-¿Qué no puede ser así Paquito? -Le respondí yo también a modo de saludo y pregunta.
-Tenteniguada, señores, no merece que le hagamos esto.
-¿El qué Paquito? -Insistí por ver si arrancaba de una vez por todas.
-Que a tres días de las fiestas no tengamos ni comisión. Yo nunca he visto cosa igual. Esto no puede ser- repetía una y otra vez moviendo la cabeza y dando vueltas alrededor nuestro como era su costumbre- San Juan no merece esta traición.
Y así continuó un buen rato, erre que erre con la misma matraquilla hasta que alguien, creo que Pepe Cabrera, terció diciendo:
-Pues…vamos a hacer las fiestas y que sea lo que San Juan quiera.
No estoy seguro si aquella misma noche en mi casa o en el Tele-Club, formalizamos la comisión, distribuyéndonos cargos y tareas sobre la marcha y arrancando finalmente con una de las fiestas más rápidas y breves que se recuerdan por aquí. Creo que la hicimos en menos de diez días, pero las gentes, quizás por la incertidumbre reinante, el temor o la rabia de que no se celebraran dichas efemérides o vaya usted a saber, se echaron a la calle en tromba, en estampida cual caballos desbocados en una película de vaqueros.
En cualquier caso, fue espectacular la reacción o actitud de las gentes aquel lejano año. Por eso, siempre he pensado que una crisis de vez en cuando y en cualquier ámbito, nunca viene mal, por la sencilla razón de que nos obliga a replantearnos ideas y situaciones a veces pasadas de rosca o caducas y en consecuencia, poder tener otra visión o perspectiva diferente para afrontar mejor problemas venideros más complejos, pero sobre todo para medir o valorar la capacidad o la fuerza de las gentes cuando quieren o se proponen algo acorde con sus aspiraciones e intereses. Amén. Disculpen si me fui por los cerros o lomas de María Jiménez.
Fueron tiempos en que fiestas, trabajo y colaboración vecinal formaban parte de un todo y nos motivaba, nos movilizaba, nos identificaba y reconciliaba con nuestro entorno y, si no fuera una exageración o mucho decir, hasta con nosotros mismos.
Para ir acabando y como conclusión decir que Paquito Galván era un hombre la mar de sencillo, sin grandes aristas ni florituras y sin más ambición, que sepamos, que las propias del común de los mortales de su tiempo y condición, que no era otra, ni más ni menos, que un gran amor a su pueblo y a su terruño. Aún así, tenía un cierto halo o madera de líder y sabía tirar de nosotros los jóvenes que por aquellos tiempos andábamos ávidos y ansiosos por hacer cosas y por destacar, o al menos, por meter cuanta bulla se terciara y si era contra todo lo que representara el casco y la institución, dos veces mejor.
En resumidas cuentas, que Paquito Galván sin saberlo ni proponérselo creaba cohesión social, signifique lo que signifique la dicha palabreja, creaba comunidad, creaba pueblo. Por ello, estas personas y en estos momentos de apatía e indiferencia generalizada, son tan importantes y se echan tanto de menos. Y por ello, también, el único reproche que me permito hacerles es que murieran tan pronto y tan jóvenes. Y aprovecho el momento para hacerlo extensible a Armando, Corujo, Ñico Bolaños, Miguelito Galván, Carmelo, Gonzalo… ya que todos dejaron una importante huella o impronta humana en mayor o menor medida en esta caldera, casi valle, llamado Tenteniguada, que lo es del municipio de Valsequillo.
Tenteniguda 2024
Dedicado a Paco Galván Rivero. Pregonero de San Juan 2024, que a pesar de todo, siempre ha sido un amigo.
