EL PERINQUÉ: LA HERIDA DEL VETERANO

Todas las mañanas las palmeras abrigan al veterano. Los santos de la iglesia le dan los buenos días. Los laureles de la plaza saltan de alegría a su paso y unos matos menores agradecen el agua de su riego: Unos gatos le rondan y los vecinos, camino a sus labores, uno a uno, le saludan.
Un proverbio chino dice: «Cuando bebas agua, recuerda la fuente».
Una de las fuentes del partido Asociación de Barrios (ASBA) y fundador, Alfredo Velázquez.
Este veterano nació en 1948 y se le relaciona con las fiestas más laureadas. Profundo creyente, de los que no quedan, mantiene la iglesia. Leal a la palabra y a sus convicciones, se casó con la organización.
La pasión por la política y su fidelidad hacia las siglas, lo hicieron un valor rentable.
Una apuesta segura.
El Partido lo desoyó por años. La erosión afectó al barrio, que lentamente se fue difuminando en una espesa niebla de abandono. Con todo, los vecinos admiraron el trabajo del veterano y le regalaron el voto. Y como una novela de García Márquez, se convirtió en candidato fantasma nunca electo.
La estrategia asbática: Córrete tú, pa’ponerme yo.
Hoy en día, ya mayor y menos sano, espera más abrazos y un: ¿Alfredo, cómo estás?
Un cariño y reconocimiento que de los suyos, acostumbrados al utilitarismo, no le llega.
Una herida: Mala cosa dejar heridas abiertas.
Los nuevos gobernantes le adornaron la Navidad sin pedirlo, conveniaron con Cabildo la limpieza de márgenes y carreteras, hicieron recogida de basura extra, podaron esas exaltadas palmeras, aceleraron el arreglo de la abolenga iglesia, y en sólo, cien días…
Le mostraron un respeto al veterano que «los suyos», adictos a ese posesivo selectivo, le negaron.
-«El éxito nunca es un accidente. Es el resultado de un esfuerzo inteligente». (Ruskin)
REYES BOLAÑOS
