MÁS VALE PARTICIPAR

LUISA DEL ROSARIOHace unas semanas, la fundación dedicada a Juan Negrín recuperaba unos textos del político y científico canario en los que, sucintamente, vaticinaba la II Guerra Mundial afirmando que la confrontación civil en España era el primer acto de la inmediata contienda europea.

No estamos en esos tiempos oscuros y marcados a sangre y bombas, pero a buen seguro Europa pondrá la lupa sobre España en las próximas elecciones del 28 de abril debido a la generalizada preocupación existente por el auge de la extrema derecha. Lo que se decida en España tendrá repercusión en el resto del continente en un momento en el que, de cumplirse los plazos, Reino Unido habrá ejecutado el brexit.

«Votar se hace más necesario que nunca porque el Parlamento debe expresar la pluralidad de visiones y formas de vida de quienes representa».

 

Visto así, la campaña electoral debiera servir para profundizar en el debate sobre el futuro europeo, en la recuperación de derechos que con la excusa de la crisis se arrebató a la ciudadanía, en el inmenso daño que han hecho las políticas de recortes en buena parte de la población mientras unos pocos aumentaban sus fortunas (muchas veces salvaguardadas en paraísos fiscales), en la tremenda corrupción político-económica, en la fuga de talentos, en el futuro de la juventud, en los cuidados de las personas dependientes o en el cambio climático.

Sin embargo, ya este viernes, tras el pronunciamiento de Pedro Sánchez sobre la convocatoria de elecciones, los partidos de derecha han dado las claves de por dónde va a ir su campaña: marcar territorio, insultar y mentir como si no hubiera un mañana y a ver quién tiene el 155 más grande.

El auge de la extrema derecha además es un serio peligro para las mujeres, nuestros derechos y nuestras propias vidas –ahí está el señor ese a caballo que jalea contra la ley que protege a las víctimas de las violencias machistas–. También es un peligro cierto para las personas LGTBI, por no ajustarse a los patrones heteronormativos. Ya hemos visto cómo «sin complejos» reclaman la superioridad de la «familia natural» (¿la de las cavernas? ¿Adán y Eva?) haciendo buena la advertencia de la Eurocámara que alerta sobre la «ofensiva mundial» contra la igualdad de género.

Votar se hace más necesario que nunca porque el Parlamento debe expresar la pluralidad de visiones y formas de vida de quienes representa. Por eso en esta ocasión debo dar la razón a quienes dicen que más vale participar, aunque sea con la nariz tapada, que quedarse en casa. O lo que es lo mismo, si no podemos votar «a favor de», al menos votemos «en contra de».

LUISA DEL ROSARIO

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