EL JEFE TRIBAL

La historia de Canarias está llena de luces y sombras, bien lo saben las personas que se han interesado en conocerla y estudiarla, sobre todo, antes de la colonización castellana. La corona de Castilla, más adelante, el estado Español, decidió colonizar un territorio que hasta ese momento estaba habitado por un pueblo que procedía del norte y centro de África. Los pueblos Imazigeh llegaron hacía más de un milenio, que se sepa, a unas islas supuestamente vírgenes, donde convivían con el entorno en una casi perfecta armonía. De él extraían todo lo que necesitaban y a su vez, lo conservaban y cuidaban para que siguiera proveyéndoles de sus ricas materias primas.
Como les decía, son momentos llenos de sombras porque, entre otras cosas, los colonizadores se empeñaron en borrar cualquier vestigio que pudiera recordar a los colonizados, que ellos procedían de un pueblo con unos valores y costumbres totalmente diferentes. Mataron, violaron, esclavizaron y además, adoctrinaron a un pueblo entero, para hacerles entender que ellos eran bárbaros y los de la espada y la cruz eran los buenos de la película.
Gracias a la rebeldía de algunos, los pocos testimonios de la época y los estudios posteriores en la modernidad, de lo poco que quedó, se han podido rescatar algunas costumbres, palabras y cultura. Una de mis preferidas es el uso del silbo como lenguaje. Nuestros ancestros se comunicaban a través del silbo, una costumbre importada desde el continente y que aquí adquirió una relevancia significativa por nuestra orografía e idiosincrasia. Este hecho, ya probado por las distintas fuentes históricas, estudios en el norte de África y testimonios vivos de nuestros mayores, entre otros, solo nos confirma la unión y similitud del pueblo canario en su conjunto, que, aunque separado por el mar, confluye y existe como un solo pueblo, procedente de un mismo pasado y con un futuro que solo se entiende junto.
¿Como podría ser falso que el silbo es común a todos y cada uno de los pueblos canarios, procediendo todos de una misma cultura? Pues hay quien lo sostiene, aunque le pongan la verdad en la cara y le digan aquello de, “blanco y en botella”. Por desgracia, a muchos no les sorprenderá de quién pueden venir estas afirmaciones, ya que en Canarias, aunque muchos se empeñen en decir que somos Europa y vivimos en la modernidad, todavía existen los JEFES TRIBALES y, como si de un cómic de Astérix y Obélix se tratara, hay, en una pequeña aldea gala, un caudillo que hace y deshace a su antojo. Desde ahí se ha pertrechado gracias a una ley electoral, que le da siempre un papel relevante, en la ciénaga que se ha convertido la política canaria, condicionándola siempre a su favor. El generalísimo de la isla de La Gomera, desde su atalaya de poder, lanza bombas a volcanes de La Palma, coloca, supuestamente, a su hija, yerno y amiga en una oposición y un sinfín de abusos de poder de los que Gomeros y demás Canarios, somos testigos, sin de momento, poder hacer nada. Su última fechoría ha sido digna de la censura franquista, de la publicidad del III Reich o de un tweet de Donald Trump. Como si estuviéramos oyendo el NO-DO, este señor dice, en una de sus grandilocuentes intervenciones, que el gobierno autonómico TIENE que guardar el silbo, mal llamado Gomero, “como único lenguaje silbado de canarias”, “garantice las medidas especiales de salvaguarda” y “que DESINCENTIVE y SANCIONE si hace falta las actuaciones contrarias a ESTA REALIDAD”. ¿No les huele a dictadura?
El análisis es claro. Por un lado, quiere seguir garantizando que el silbo, en La Gomera, siga recibiendo sus subvenciones y privilegios correspondientes. Además, que se multe y no se apoye a la investigación y el progreso del conocimiento de nuestra cultura, derecho innato a cualquier canario. Por último y lo que me parece más grave, nos impone su verdad y su realidad, como si viviéramos en un mundo estático, donde unos pocos, tienen la razón y los demás debamos acatarla como doctrina definitiva. Asistimos pues, a un abuso de poder y un intento descarado de cambiar la historia para el beneficio de unos pocos.
Señor Curbelo, hago mías las palabras de otro ser con el que guarda cierto parecido y le digo: ¡Márchese señor Curbelo, márchese! Lo canarios y canarias estamos hartos. Vivir de la política durante 30 años debería estar prohibido, a la vista está que nubla el juicio y eleva el ego hasta límites insospechables.
GIOVANNI MIRANDA PONCE
