MORIR AL RASO

Todo ocurrió en la ciudad de ‘La casa, lo primero’…

suarez alamo

Conocí a alguien muy cercano que cuando se mordía la lengua, lo hacía con tal intensidad que siempre sangraba. Pues eso mismo me sucede hoy con este artículo, así que avisado queda el lector si encuentra algún rastro de hemoglobina entre las letras…

La realidad es poliédrica, de manera que podemos enfocar hechos en apariencia similares o unidos por algún elemento común desde perspectivas diferentes. Así, si nos encontramos con una presunta agresión sexual en grupo a una mujer cometida por un grupo de hombres que están viviendo al raso, podemos centrar la mirada en la nacionalidad de los supuestos agresores o en sus antecedentes.

Muertes de inmigrantes en las calles

En paralelo, si nos tropezamos con otro grupo que intenta montar un poblado ilegal en un paraje natural, también podemos indignarnos con lo ocurrido, pedir responsabilidades y preguntar si es que no hay control de lo que hacen. También, por supuesto, podemos poner el foco en si son ‘del país’ o llegados de fuera, aunque no parece que eso sea determinante para concluir si el campamento es ilegal o no. De la misma forma que la nacionalidad de un agresor sexual no parece que sea una agravante; ni una atenuante.

Y en el marco de ese poliedro de mil caras, también nos podemos preguntar qué falla para que haya gente que pase las noches al raso. Me da igual si son de aquí o de allí, si nacieron en esta tierra o en las antípodas, si son mayores de edad o menores, si las noches en Canarias son cálidas o gélidas… porque es un fallo del sistema que alguien duerma en la calle. Incluso si lo hace porque le apetece, pues la calle es un espacio público y nadie puede patrimonializarlo. Cuando alguien se empeña en no atender a razones y dormir en la calle, el sistema debería tener mecanismos ágiles para resolverlo, pues la persona pone en riesgo su salud y se convierte, por muy bondadoso que pudiera ser, en un problema público.

Y me muerdo la lengua porque ayer fue encontrado muerto un hombre que dormía en la calle, en un portal de la calle Albareda. Todo apunta a ‘muerte natural’, pero en este Primer Mundo en que vivimos, morir así no es natural. En el lugar de donde venía, sí, así que se ve que se equivocó cuando pensaba que aquí dispensamos trato de Primer Mundo a todos. Cuando se hurga un poco, la cosa a va peor:que si no era la primera noche, que si es uno de esos inmigrantes situados en un limbo porque si salen del lugar de ‘acogida’ voluntariamente o porque se les expulsa, nadie se ocupa de ellos…

Concluyo: todo ocurrió en la ciudad que tiene un programa institucional llamado ‘La casa, lo primero’… y aquí paro porque la lengua sangra en abundancia.

FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO (CANARIAS7)

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