PALABRAS PARA MI AMIGO AGUSTÍN DEL PINO

Agustín del Pino Calderín nace el 9 de septiembre de 1958. Su padre, Fermín y su madre, Francisca (Francisquita), tuvieron 4 hijos y una hija: Carmelo, Agustín, Manolo, Antonia y Paco. Pasa su niñez entre las Casas Baratas, la plaza de San Miguel y el Colmenar, su paraíso. Es allí donde acumula muchas vivencias en casa de sus abuelos y primos, y en particular comparte mucho tiempo con su primo Antonio con el que estudia y ”analiza” el mundo de los lagartos, de los pájaros y cuanto bicho andante existente en el barranco.
Me contaron que Agustín en su juventud parece ser que juerguista sí que fue el amigo. Entre verbenas, sobre todo las populares del lechón en Santa Brígida y las de los Carnavales de Agüimes. Todavía recuerdan que asistió durante años vestido de colegiala, al igual que otros tantos jóvenes valsequilleros, y curiosamente que año tras año eran esperadas por el pueblo de Agüimes con alegría. Un lagartero recientemente con emoción me comentó sobre ese grupo de colegialas de valsequillo tan esperadas en sus carnavales. Allí donde hubiera diversión estaba nuestro amigo. Durante años participó en la tradicional bajada del queso, organizada por Pepe Monzón, el hijo de Eusebito el del Bar Monzón, pero como diría Agustín:
¡DE ESO HABLAMOS OTRO DÍA.
AHORA VAMOS A LO QUE VAMOS!
Contrajo matrimonio con Josefa González Pérez, un 12 de septiembre de 1987, tres días después de su cumpleaños. Fruto de ese matrimonio nacen Tayri y Dácil, sus niñas del alma. Cuando sus niñas crecen, y antes de su partida, su hija Tayri contrae matrimonio con Adrián. Orgulloso, junto a toda la familia, llevaba del brazo a su hija en ese día memorable. Esta pareja hace que Agustín se convierta en el abuelo de Daniel, un gran abuelo. Completan la familia, Iriome, pareja de Dácil y Eric, su nieto pequeño.
Al mundo laboral entra en una edad temprana, sin haber terminado los estudios primarios, como peón de albañil con su padre y otras veces con su tío Manuel.
Después se inicia como electricista y trabaja en la empresa COLOMINA ubicada en Las Remudas, en una época de mucho movimiento sindical. Tras esta experiencia monta una empresa de instalaciones eléctricas con su amigo Nono Castro. Pero el mundo de la construcción vuelve a tocar en su puerta casi convertido en albañil, aprendiendo dicho oficio con su primo Antonio. Éste se había formado con Fermín, padre de Agustín. Ellos también compartieron mucho tiempo trabajando juntos.
A Agustín le gustaba mucho la comida que preparaba su tía Lola; en muchas ocasiones su primo Antonio, conocedor de su debilidad de Agustín por la comida de su madre, a la hora de abrir el bolso para el almuerzo en el trabajo le intercambiaba la comida, sobre todo cuando Antonio traía arroz a la cubana.
El Centro de Adultos de Valsequillo, radio ECCA y la UNED fueron tres fuentes importantes en la formación académica de nuestro amigo Agustín. En el Centro de Adultos, obtuvo en una primera etapa el Graduado Escolar. Posteriormente, junto a su hermano Paco, hacen hasta 3º de BUP en Radio ECCA y a continuación los dos se preparan la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años. Una vez superada la prueba, Agustín se matricula en Filosofía, carrera que le entusiasmaba y que va haciendo poco a poco, dejándola en su tercer año.
Compatibilizó sus estudios con su vida familiar, profesional y por supuesto, con sus espacios de ocio. Tuvo muchas aficiones entre las que destacan: la pintura, siendo según su profesor Paco un alumno aventajado, la lectura, el cine; la escritura, la música: su guitarra, Almogaren, su gusto por la canción protesta y la Escuela de Música; sin olvidar por supuesto su compromiso político y sindical.

A través de su visión con mirada crítica redactaba artículos de análisis de la actualidad; en otras ocasiones se dedicaba a contar anécdotas o hechos que pasados por su tamiz publicaba en El Naciente en secciones “Tirar la piedra” y “anecdotario”. Agustín es, para mí lo es y para muchas personas sigue estando presente, y sin lugar a dudas, fue UN ILUSTRADO, una persona culta, instruida, sabia y erudita.
Para finalizar, y no por menos importante, su pasión por las charlas, por compartir opiniones, por comentar, discutir, “mandar al carajo“, ¡de forma educada diría yo! Largas conversaciones, de las que fueron testigos la clientela del Bar de Sergio y el propio Sergio, en las que siempre sabíamos cuando empezábamos, pero nunca cuando se terminaban. Podían prolongarse en el tiempo, o superponerse en la misma sesión entre varios temas, con distintas personas y sucesivas tertulias. Las más de las veces se quedaban temas para otra ocasión, algún libro por leer o película por ver para luego compartir el análisis.
Así, a voz de pronto, si me preguntaran por la profesión de Agustín yo diría que fue de profesión CONVERSADOR, ¡GRAN CONVERSADOR! Como dice Amadeus Wolfe: “A veces la más grande aventura es simplemente una conversación” y Agustín, que era una persona apasionada por la Filosofía, bien lo sabía.
Como ustedes saben, siempre se queda algo en el tintero. Mucho más podría contar de las cualidades y virtudes de nuestro querido Agustín pero hasta aquí llego. Como él decía en algún tema no finalizado, con pretensiones de continuarlo en cuanto se pudiera:
¡EL PRÓXIMO DÍA HABLAMOS DE ESO!
Francisco Luis Domínguez Hernández
(Texto leído por Tanausú del Pino en el acto de homenaje a Agustín del Pino Calderín)
