50 AÑOS, COLECTIVO ALMOGAREN
De cuando éramos jóvenes y revolucionarios

El tiempo es una máquina arrolladora que todo lo engulle y atrapa, dejando un triste resumen de hechos y palabras en la cinta de la memoria pasiva. Una capa de nostalgia privada en el eco de la memoria activa y pasajes y relatos de la historia, en el que sólo los testimonios y notarios del tiempo, exhiben las herencias y son capaces de mantener a raya al tirano del olvido.
Cincuenta años, es excusa para el recuerdo. Lo que la modernidad digital enuncia como actualización. Aunque la llegada de esta fecha histórica y referencia de oro para los románticos de la revolución del colectivo Almogaren, sea necesario hablar como lo hacían los abuelos a sus nietos, contando cuentos y leyendas. De valientes e intrépidos que ilusionaban y conectaban los valores con la madre tierra, con su Pandora auténtica.
Aquella revolución fantástica -del génesis del 75- del despertar sociocultural y político quedó plasmada por las inquietudes de una juventud sana de izquierdas, trabajadora, con afiliación a valores y responsabilidades rurales. Era el final de una dictadura y el principio de un nuevo orden liberal y democrático sin mayor represión que los ecos del miedo viejuno. Aquel fenómeno ilustró y animó las mentes más despiertas, fomentó las iniciativas más apuestas, en medio de una constante asamblea se mantuvo un orden voluntario y conciliador, constructivo y enriquecedor.
El poder de la sugestión es el meteorito de la iniciativa juvenil. Una pandilla de ilusos movidos por las corrientes de fuera y ávidos de remover el pasado para encontrar las simientes de sus razones, su propia cultura y manifestación, sus propias luchas por la tierra, los derechos, justicia y oportunidades. Los aires de la nueva democracia revolotearon sobre el Almogarén sagrado de la juventud y sentaron el precedente de honrar su pueblo y revitalizar su destino, cultivando sus propias credenciales.
Cincuenta años, da para unos cuantos libros
Paco Rodríguez -Paquito “Mi niño”- es el compás armónico de ese gran corazón de Almogaren. Alma mater que elabora la historia musical y estudia la tradición. Compositor de letras y melodías, le imprimió al grupo musical su carisma en dirección, su ímpetu de disciplina y enfoque, modelando un estilo cercano, adornado con folklore tradicional, canción popular y reivindicación política, con esa mezcla de aires mestizos y revolución antigua. Todo ello en sintonía con un momento pasajero, lleno de esperanzas de mejor futuro.
La explosión de sus pasiones elaboró la hoja de ruta del colectivo musical, en su ya consolidada etapa primaria. Creando, animando y añadiendo las artes musicales, acercando el oído del artesano a la inspiración de la musa, para componer y engendrar los logros en un repertorio con variedad y práctica. En el grupo no había músicos, solo aprendices de compañía, trovadores de andanzas. Esto facilitó la disciplina del compás y los tiempos. Para que nacieran las canciones de sello Almogaren. Ese culto al canto en lugar sagrado, tan peculiar como los sueños aborígenes. Tan genuino como la constancia exaltada.
FELI SANTANA
