PABLO IGLESIAS

LUISA DEL ROSARIO

Las valoraciones sobre el «fracaso» de Unidas Podemos en Madrid han sido varias, no obstante, las ha eclipsado la toma de posiciones respecto a la marcha del líder de la formación morada, Pablo Iglesias. Hay quien dice que solo se podrá valorar su contribución, en sentido positivo y/o negativo, a la historia política de este país con los años.

Cuando, como diría Hegel, la lechuza de Minerva levante el vuelo, porque entonces estaríamos en condiciones de ver el asunto desde distintos puntos de vista, sin apasionamientos. Es posible que sea la forma más aséptica de hacerlo, no obstante, no se me ocurre mejor momento para oponerse a una injusticia que cuando se está cometiendo.

Pablo Iglesias tras las elecciones del 4M

Iglesias no fue el catalizador del 15M, eso fue la construcción de miles de personas que se encontraban desesperadas ante el sistema bipartidista gatopardiano, todo cambia para que nada cambie. PP y PSOE o PSOE y PP, lo mismo daba. Y así era, pues salvo victorias simbólicas -importantes, pero sin consecuencias materiales- la vida de la gente poco cambiaba. Pero Iglesias fue valiente, porque aceptó el reto de ser la cara visible de miles de indignados y apechugar con las consecuencias. Efectivamente, con los años hemos visto que ese paso tenía un coste personal que muy pocas personas estarían dispuestas a asumir. Y también hemos visto errores, demasiados errores en la formación morada.

Pero miramos alrededor y vemos como la clase política, en general, se jubila en sus puestos, que nadie baja a la calle para empezar de nuevo, que nadie rechaza uno de los sillones de arriba para tocar puerta a puerta por un voto.

La campaña de acoso y derribo canalizada a través de los medios de comunicación contra Iglesias solo apunta a una dirección: lo único que le asusta al poder es que a alguien se le ocurra arrebatárselo. Y en eso Iglesias siempre merecerá la admiración que se otorga a quien siquiera osa enfrentarse al grande. Por más que ese mismo poder se empeñe en campañas de mentiras para mostrar que ha sido justo lo contrario.

LUISA DEL ROSARIO

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