EL GRAN MITIN INDEPENDENTISTA

rafael alvarezLas autoridades locales dicen que fueron 110.000 personas mientras que los organizadores lo sitúan en 200.000. Es igual. Ya con estos datos, la realidad es que el supermitin en Perpiñán fue un enorme éxito. Y Carles Puigdemont fue el protagonista. No resultó ser un concierto de música de una banda legendaria ni la final europea del balompié. Era un acto político, ni más ni menos. Lo que, a estas alturas, tiene doble o tiple mérito. Congregar tanta gente por una causa no es sencillo. Pensemos que detrás del acto están las historias personales de todos aquellos que madrugaron para coger el coche o la guagua y pegarse horas en la carretera desde distintos puntos de Cataluña para cruzar la frontera. Hubo un colapso. Y no paraba de llegar más y más peregrinos a Perpiñán por lo que tuvieron que retrasar su comienzo.

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Ni el PSOE ni el PP en sus mejores momentos, en pleno esplendor del bipartidismo, hubieran concitado tanta expectación. Ni siquiera la mitad habrían aglutinado para escuchar a Felipe González, que era mucho Felipe al hablar, o a José María Aznar en sus etapas de más brío. Por lo tanto, el entusiasmo social catalán por la independencia no va a desaparecer sin más. No habrá desinflamación. Es un entorno constatable que hay que tener presente se quiera o no. Es un problema de naturaleza política.

Con el gesto de fuerza política de Puigdemont, las expectativas de la mesa de negociación constituida por Pedro Sánchez y Quim Torra como principales protagonistas la semana pasada en La Moncloa, son las que son: en cualquier momento el invento puede naufragar. El margen de maniobra de ERC no es ilimitado. Más bien escaso.

Aún no sabemos la fecha de las elecciones catalanas, pueden ser antes o después del verano. Dependerá, en última instancia, de Puigdemont y del periplo judicial concerniente a Torra a cuenta de su inhabilitación. Pero si ERC no vence con claridad en los comicios y no puede aunar un tripartito (ostentando la Presidencia) que le permita quitarse de encima a JxCat y la CUP, Sánchez tiene un problema muy serio a son de la duración de la legislatura. En caso contrario, si ERC, PSC y la marca catalana de Podemos suman, Sánchez y Pablo Iglesias podrán encarrilar el mandato aunque desconocemos todavía a qué precio. De todas formas, lo acontecido el sábado en Perpiñán es para inquietar a La Moncloa.

En el fondo, lo más preocupante es que Sánchez no sabe qué hacer con Cataluña. Intenta ganar tiempo. Pero es obvio que la situación se le va de las manos. No la controla. E irá actuando en función de las circunstancias, si estas se lo permiten. El dictado de ERC en la mesa de negociación es evidente. Todos sus miembros asisten a la misma sobreactuando, sabedores de que por ambos lados hay una dosis importante de fingimiento. Que están ahí, especialmente Sánchez, porque no le queda otra.puigdemont2

Las elecciones catalanas marcarán el ritmo y la vigencia de la actual legislatura. Serán decisivas. Y en función del resultado electoral que arroje, y los posibles pactos, se podrá en el resto del país calibrar el pulso político de cada formación. Por ahora, la mayoría del Gobierno de coalición es precaria. La cita catalana dirá si prosigue o decae por completo. Eso sí, habrá que pagar desde el poder central las demandas del soberanismo que tiene una meta definida con la única diferencia dentro del bloque en cuanto a las formas y el cronograma.

Por último, no casa el aumento de ERC tan significativo que algunos anuncian con el baño de masas de Puigdemont el fin de semana pasado en Perpiñán. Algo no cuadra. Y es fundamental despejar esta incógnita. En función de su desenlace, sabremos cómo continúa la partida.

RAFAEL ÁLVAREZ GIL

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