ELNEGACIONISMO MATA

RONALDJosé Luis Abet Lafuente mató a tiros a Sandra, Alba y Elena en Pontevedra. Una de ellas era su exmujer y lo hizo delante de sus hijos. Eso fue el lunes, y el martes continuó el drama en Madrid. Adaliz Villagra acabó como llevaba denunciando desde hacía 10 años que lo haría si nadie la ayudaba: asesinada a puñaladas por su pareja. La mujer había ido cuatro veces a la Policía, pero no pudo evitar morir delante, ella también, de sus dos hijas. Y para cerrar esta semana negra, la desgracia nos llevó hasta Barcelona. Allí, Mariano dejó agonizar a su mujer, Susana Cortés, mientras grababa con el móvil toda su degradación, maltrato y humillación.

«El discurso negacionista de VOX refuerza la confianza del agresor y aumenta la reticencia de la víctima a denunciar»

 

Hay que ponerle nombre a las víctimas y a sus asesinos, así como al tipo de crimen que cometen: violencia de género. Por mucho que Ortega Smith diga lo contrario. En lo que va de 2019, 43 mujeres han sido asesinadas en manos de su pareja o expereja, el peor dato en el último lustro. Unas cifras que indican que este es uno de los problemas más graves de España, por lo que es normal que la gente se eche a la calle. Eso hicieron miles de manifestantes el jueves en más de 200 ciudades, mientras que VOX se dedicó a provocar acudiendo al minuto de silencio por el asesinato de Villagra con una pancarta en la que se leía «la violencia no tiene género». Para ellos, el acto fue una «campaña publicitaria de la izquierda». Discurso que al parecer comparte el alcalde de Madrid, quien en su trifulca televisada con Smith, intentó amansar a la fiera asegurándole que él también está «en contra de la ideología de género y el feminismo del 8M».

Los colectivos feministas sostienen, con toda la razón del mundo, que existe «una relación de causa efecto» entre el negacionismo del partido de ultraderecha y el aumento de casos de violencia de género. Es incomprensible y denunciable que algunos líderes de los principales partidos adopten estos discursos. Ya no es cuestión de ideología ni de ser de derechas o de izquierdas, es una cuestión de humanidad. Los maltratadores se sientes más seguros con la venia de estos políticos y las víctimas, más frágiles, pensando que nadie les va a creer y que no tiene a donde ir. Refuerza la posición del agresor, mientras aumenta el temor de la mujer maltratada, que puede preferir aguantar los palos que ir a denunciar y encontrar esta misma actitud negacionista en las comisarías o en los juzgados.

RONALD RAMÍREZ ALEMÁN

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