EL DERECHO A LA PROTESTA

Imágenes con las que no se abren los telediarios

Los telediarios no deberían abrir con un par de escaparates rotos, o con el discurso “incendiario” de Iglesias. Deberían arrancar con la paliza a un padre y a una hija en Linares o con la brutalidad policial que coarta la libertad de manifestación

Pablo Iglesias dijo hace unos días que en España no hay plena normalidad democrática. Pues el hombre tiene toda la razón. 

En los últimos meses, con el llamado “gobierno más progresista de la historia de España”, también llamado “socialcomunista bolivariano”, se ha echado a un trabajador de TVE por poner un rótulo sobre el rey emérito y la princesa de Asturias –no entiendo bien qué había de malo en ese rótulo pero está claro que a algunos peces gordos no les gustó nada–. Por otro lado, se ha encarcelado a Pablo Hasél por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y a las Fuerzas de Seguridad. España es, según datos de 2019 de la ONG Freemuse, el país con más artistas encarcelados del mundo.  

La justicia últimamente también parece haberlas tomado contra ciertos medios de comunicación, véase la condena a la revista satírica Mongolia o la impuesta a este mismo medio. Por si fuera poco hemos visto a la policía dar buenos palos a manifestantes pacíficos en varias ciudades de España y al Ministerio del Interior agradecerles su trabajo, mientras se critica la quema de varios contenedores. 

Por el otro lado, tenemos a Cristina Cifuentes absuelta porque a la pobre le aprobaron el master y le escribieron y entregaron un TFM sin que se enterara. Se están archivando las causas contra Ayuso y las muertes en las residencias y, por si fuese poco, hemos tenido también un homenaje a la División Azul llena de nazis haciendo el saludo fascista y a una particular oradora afirmando que el judío siempre será el enemigo y el culpable. Ahí no hubo palos, y algunos medios han entrevistado y pintado a la nueva heroína fascista como si fuese la Kardashian española.  

Ayuso acusa a Iglesias y a Sánchez de “instaurar un ambiente pre-guerracivilista”, mientras la extrema derecha entra cada vez con más fuerza en las instituciones bajo el lema “hemos pasado”. Eso sí suena a pre-guerracivilista, igual que la represión contra los manifestantes pacíficos.  

¿Cómo es posible que Ayuso se refiera a una protesta en defensa de la libertad de expresión como “fiesta de niñatos que se manifiestan por un delincuente»?

Si todo esto no es evidencia de que en España no hay plena normalidad democrática no sé qué más tiene que pasar. Por supuesto, se puede cuestionar si un miembro del gobierno debería hacer tales afirmaciones sobre la democracia española, pero Iglesias tiene razón. El vicepresidente segundo hizo también un discurso sobre los medios de comunicación, afirmando que estos están controlados por los poderes económicos, claramente de derechas y, en mi opinión, dispuestos a intentar acabar con la coalición de gobierno a través de una tremenda manipulación de la información, que marca la agenda política. Fue uno de los discursos más sinceros que he oído por parte de un político. Pero estos discursos y afirmaciones tendrían más sentido si Podemos estuviese en la oposición. Creo que está claro que los políticos, por mucho poder que tengan, tienen también las manos atadas. Pero en este momento de polarización y de desconfianza en las instituciones, y con la amenaza que la extrema derecha supone, hay que evitar a toda costa poner en riesgo un gobierno moderadamente progresista.  

Seamos claros, en todo caso: ni el PSOE es de izquierdas ni tenemos el gobierno más progresista que podríamos tener. Pedro Sánchez ha demostrado no tener principios, a Marlaska le precede su fama de no investigar las torturas del Estado español, y Calviño, Calvo y Robles serían ministras en cualquier gobierno del PP sin desentonar. 

La pregunta es: ¿cómo es posible que nuestra clase política critique más a quienes destrozan tres papeleras y dos motos que a quienes revientan un ojo a una joven y lesionan a varios manifestantes? 

¿Cómo es posible que la presidenta de la Comunidad de la capital española se refiera a una protesta en defensa de la libertad de expresión como “fiesta de niñatos que se manifiestan por un delincuente que tiene menos arte que cualquier parlamentario de la asamblea con dos cubatas en un karaoke” mientras calla ante una concentración de neonazis? ¿Son esto rasgos de una democracia plena? A mí no me lo parecen.  

En España se respeta más a una falangista antisemita que a un cantante que se mete con la monarquía. Se pega a manifestantes que defienden la sanidad pública pero se apoya a quienes salen con banderas franquistas y esvásticas contra un gobierno “ilegítimo”. 

Entiéndanme, excepto por las banderas franquistas, tienen todo el derecho a protestar contra un gobierno que no les gusta, lo que no comprendo es por qué parece que tienen más derecho. No podemos permitir que se defienda más a un contenedor y a un antisemita que a un ciudadano indignado que ve peligrar la libertad de expresión o que defiende el Estado de bienestar. 

Esperemos que el PSOE apoye la petición de indulto a Pablo Hasél o será cómplice de uno de los mayores déficits de esta democracia

La protesta y la manifestación es un derecho fundamental de los ciudadanos y si viviésemos en una democracia plena, la policía no cargaría una y otra vez contra los manifestantes de izquierda, sino que detendría a los fascistas. Hay que hacer ruido, y la violencia no es romper una papelera: a quien la rompa que le pongan una multa, pero que no le den con la porra ni con la pelota de goma, ni le insulten. Eso sí que es violencia, ejercida por quien teóricamente está para proteger al ciudadano. 

Los telediarios no deberían abrir con un par de escaparates rotos, o con el discurso “incendiario” de Pablo Iglesias, deberían arrancar con la paliza a un padre y a una hija en Linares, con la brutalidad policial que coarta la libertad de manifestación y con las críticas a la derecha y extrema derecha que quiere acabar con todo el que exprese, artísticamente o no, su opinión contra la monarquía corrupta o contra una democracia que tiene muchas cosas que mejorar.  

Ahora, esperemos que el PSOE apoye la petición de indulto a Pablo Hasél o será cómplice de uno de los mayores déficits de esta democracia.  

Y recuerden, “los borbones son unos ladrones” (Hasél). 

ELISA MORA ANDRADE

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