CALLADITA NO ESTABA MÁS GUAPA

“El único mérito que tiene usted es haber estudiado en profundidad a Iglesias”, “tiene la boca llena de llagas de chupársela al coleta”, “está donde está porque la ha fecundado el macho alfa”… son algunas de las frases que ha tenido que oír Irene Montero durante el tiempo en el que ha sido ministra. Esto, de manera pública y por cargos políticos. Además ha soportado durante varios meses un escrache a la puertas de su casa, y miles de insultos en la calle y por redes sociales. Su currículum ha sido revisado y cuestionado hasta la saciedad, ha llorado en el congreso y ¿cuál ha sido su pecado?: defender al feminismo.
Llegó al congreso con 28 años, después de haber pertenecido a las juventudes comunistas, al movimiento 15M o las juventudes de CCOO. En 2020, y con 31 años, se convirtió en ministra de Igualdad, donde llevó al consejo de ministros las leyes del “solo sí es sí” y la “Ley Trans”. Ambas, pero especialmente la primera, han levantado ampollas. Se la critica por su soberbia, por querer defender una ley que necesitó una reforma, como si fuese la primera ley que la necesita. Se le exigió que pidiera perdón por ella, aunque el único perdón que haya que pedir es no poder evitar que determinados jueces y juezas hagan lo que les salga del patriarcado.

Además estando ella en el gobierno se han modificado la ley de salud sexual y reproductiva, en la cual se eliminan obstáculos para ejercer el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo y se establece la educación sexual, se han adoptado planes para víctimas de trata de explotación, se ha actualizado el pacto de estado contra la violencia de género o se ha impulsado un Real Decreto acerca de la igualdad retributiva.
Y durante todos estos años se le ha mirado con lupa. Tanto es así, que sabemos exactamente dónde vive y de cuanto fue su hipoteca. Y sin tener nada que explicar de su vida privada y del dinero ganado con su propio trabajo y de manera lícita (no todos pueden decir lo mismo) esta noticia derivó en una consulta a las bases de podemos sobre su continuidad en el cargo.
La conclusión es clara: el feminismo es una lucha, aunque pacífica, que molesta. Cuando pienso en Irene Montero a menudo, me viene a la mente Clara Campoamor, la primera mujer en hablar en el congreso, defensora de la igualdad de derechos de la mujer. Accedió al parlamento como diputada tras proclamarse la Segunda República Española. Defendió varios derechos, entre ellos el voto femenino, y a pesar de eso, en las siguientes elecciones (1933) no consiguió renovar su escaño. Como ella misma describió en su libro “El voto femenino: mi pecado y yo”.
Lo cierto es que casi un siglo después y con mucho por luchar todavía, los derechos de las mujeres son más amplios gracias a ellas dos, y estoy convencida de que pese a haberse quedado sin ministerio y sin escaño y al igual que a Clara Campoamor, a Irene Montero, la historia le dará su lugar.
TAYRI DEL PINO GONZÁLEZ

A pesar del gran trabajo realizado por Irene, en el gobierno de España y otros muchos rincones sigue existiendo un machismo femenino que está por acallar las voces que luchan por unos derechos reales. De modo que la única forma de acallar ese esfuerzo de todos estos años porque se visibilicen los problemas de machismo se lo han cargado quitándose de en medio a Irene Montero, y no precisamente los hombres, que también, pero sobre todo Yolanda Díaz y algunas ministras peperas más. Verguenza y zoquetería.