TU CAMALEÓN

alfonsoÍñigo Errejón es un joven inteligente, ilustrado y dialécticamente brillante pero, sobre todo, muy listo, un joven que quiere seguir en política después de que su amigo y líder lo haya defenestrado. No hay mucho más que eso, y todo lo demás está determinado por eso: una ambición sostenida en un conjunto de análisis políticos y técnicas organizativas y electorales. En Errejón se cumplen las condiciones negativas con las que Raymond Arond caracterizó a la mayoría de los intelectuales de izquierdas, agravadas por la ambición política en el mercado electoral, enraizadas todas en un mismo suelo: el oportunismo. Un oportunismo feroz y sonriente, incansable y ecuménico, que siempre te da la razón. Errejón estuvo en Venezuela con Pablo Iglesias y Carolina Bescansa y una tarde, en mala hora, en una visita a los cerros, una señora le invitó en su ranchito a un café colado, y el pequeño y asqueado sorbo bastó para destrozar su delicado sistema intestinal. Apenas volvió a salir del hotel. Es una metáfora perfecta de lo que puede esperarse de esa fantasía, el errejonismo, que no es otra cosa que el movimiento centrípeto alrededor de un sujeto de hocico estrecho y verbo florido que dispone de un capital simbólico y electoral prometedor, bajo el que pueden guarecerse algunos y desde el que otros pretenden saldar deudas con el podemismo.

 

Errejón elogió la Venezuela de Chávez y Maduro, dedicó su tesis doctoral a exaltar teóricamente el proyecto y la instalación en el poder de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo en Bolivia -su auténtico laboratorio político- y ha cumplido, pese a matices tiquismiquis, con todos los rituales de la izquierda posmarxista, incluida una sentida necrológica a Fidel Castro. Pero lo importante no es eso, obviamente, sino su decisión de transformar todo eso en pura irrelevancia. Errejón insistió mucho frente a Iglesias y el resto de los compañeros en que Podemos debería ser lo que la gente quisiera que fuera. No se refería a un proyecto construido democráticamente y controlado por los militantes, sino a la generación de expectativas. La organización política Podemos asumió ese nombre, precisamente, porque convoca una voluntad, no caracteriza ideológicamente una actitud: así consiguió en sus mejores momentos apoyos transversales y votos de jóvenes y viejos, obreros y clases medias, antisistema y progresistas moderados. Como líder máximo, sin embargo, Iglesias decidió que debía fortalecer el discurso de una izquierda transformadora, más allá de la socialdemocracia tradicional, una izquierda contestataria, republicana, estatalizadora, dispuesta a suscribir consultas sobre la independencia de Cataluña y un punto febril. Íñigo Errejón huyó: puestos a ser medio irrelevante, prefería mandar en su propia insignificancia al frente de una pequeña plataforma política con la que apoyar (básicamente) al PSOE.

Errejón ahora se aplica su fórmula magistral y lacaniana a sí mismo. Signos vacíos que rellenará el cliente electoral con el objetivo, por supuesto, de unificar la izquierda, como proclaman siempre las escisiones izquierdistas. Más Madrid. Más España. Más Lo Que Sea. Y el principal signo envasado al vacío es Errejón mismo. Es joven. Es muy inteligente. Piensa en los pobres, en las mujeres, en los casquetes polares, le gusta llegar a acuerdos y va limpito. Fíjate. Lo que quieras. Errejón es lo que quieras: tu camaleón enroscado en el cuello para los próximos cuatro años.

Alfonso González Jerez 

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