TAIDÍA,, LA MONTAÑA Y ROSIANA

La Caldera de Tirajana es monumental, tanto que, en esa estampa a primera vista, se escapan los detalles de su inmenso y agrietado relieve, formando paisajes y rincones con identidad propia. Reconocer sus recovecos es una asignatura para sorprenderte por la variedad y grandeza de ese espectáculo natural.

Hoy tomaremos la ruta de Taidía para conocer un poco más este barrio de San Bartolomé de Tirajana, segundo municipio que habita en la zona y que se reparten el espacio de estas cordilleras del sur de medianías. Taidía se asienta en la falda norte de la caldera, haciendo límites municipales con la vecina Santa Lucía, dormida entre inmensos palmerales, y con la magnitud de las cumbres de Gran Canaria, cerrando el circo montañoso más grandioso del sur.

La altura y los profundos tajos en la tierra, conforman barrancos que nacen en el punto más alto de la cumbre. El caso de Cañadón del Jierro y Barranco del Negro, como los más altos para surcar y dividir orográficamente esta cuenca derramando sus aguas en el barranco de Tirajana y el embalse de La Sorueda.

Taidía y la montaña se encuentran sobre los 800 m de altura y separada por escarpadas laderas y barrancos. La iglesia de La Virgen del Carmen preside el núcleo mayor de población que es Taidía, en la rampa antes de entrar en el pueblo encontramos la conexión al barrio de La Montaña, salpicado de oasis encantados y poblados aborígenes. De ahí su nombre La Montaña de Los Huesos y la Cueva de las estrellas.

Rosiana es el tercer núcleo vecino que se asienta en la base del barranco de Tirajana donde conectan los barrancos principales el de la Barca, el Negro o Agualatente. Peculiarmente descubrimos los efectos de los corrimientos de tierra muy típicos de Tirajana al ser una caldera de hundimiento muy erosionada. Quedan restos del viejo puente derruido y el poblado antiguo de Rosiana hundido a ambos márgenes de la carretera comarcal.

A todos estos núcleos, llegamos perfectamente en motos, con buenas pistas asfaltadas Taidía y Rosiana, con salidas hacia la cumbre. Y La Montaña sin salida y algo más estrecha y con retorno, merece la pena una visita para descubrir el encanto de sus bosques de palmeras y escondidos lugares de ensueño.

En Taidía tenemos el guachinche del Calzonú, donde matar el jilorio con taperío casero y generoso, y en toda la cuenca la oferta gastronómica es abundante. No te olvides sacar las fotos de tan espectaculares rincones de tu tierra, que por mucho que rodamos se nos esconde constantemente.

Conoce, descubre y cuida tu tierra.

 Feli Santana

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