COMPAÑEROS DE VIDA…

Cada vez que llegaba a su casa del trabajo, él la recibía comiéndosela a besos, la escuchaba sin juzgarla, oía cada queja sin decirle nada, cosa que ella apreciaba ya que solo quería desahogarse, no que le dieran un sin fin de argumentos de cómo debería actuar, o qué debería decir para mejorar su vida laboral.
Cuando a media tarde se venía abajo, él la obligaba a salir y dar un paseo, en esos paseos aprovechaban y se relacionaban con los vecinos de la zona, cosa que siempre venía bien. Si ella quería parar en un escaparate jamás se sintió presionada porque él quisiera seguir. Él la esperaba paciente y amorosamente, en la noche cenaban los dos en la cocina viendo cualquier cosa que pasaran por la tele, ni que decir tiene que el mando a distancia era gestionado por ella sin ningún reproche ni molestia.
Si alguna vez había enfermado, él la acompañaba. Si ella estaba de mal humor, él sin mediar palabra la miraba con dulzura y la colmaba de cariño.
Desde que se conocieron fue así siempre, la conexión era fluida y natural, sin esfuerzos por ninguna de las partes. Ella sabía, en el fondo, que se había ganado la lotería con él… ¿quién no quiere un compañero de vida así?
Pero llegó un día que al despertar no lo encontró a su lado, se asustó pues jamás había pasado eso. Se levantó y empezó a llamarlo recorriendo la casa de cabo a rabo, pero no encontró más que silencio por respuesta. Un nudo se le hizo en la garganta… ¿le habrá pasado algo? La puerta de la casa estaba abierta, todas sus cosas continuaban en su sitio.
Pasó media mañana desesperada con un vacío y esperando que en cualquier momento apareciera, no era normal en él. Su teléfono móvil sonó como a las 12:30:
– Buenos días, ¿es usted la señora Aurora María?… -a ella se le congeló el alma, se le hizo un vacío en su cabeza y una especie de arañazo hirió su vientre …
-Le llamamos de la clínica veterinaria de los Llanos, nos acaban de traer un pastor Belga y por el chip hemos encontrado su contacto, parece que seguía a una perra en celo de una vecina y esta ha tenido a bien traerlo para ver si encontrábamos a su dueño …
Nunca podremos entender el alivio que ella sintió, lo recogió y lo trajo a casa, los días pasaron como si no hubiera ocurrido nada, ella seguía contándole sus cosas, compartiendo problemas, paseos y cenas, pero se aseguraba cada noche de confirmar que la puerta estuviera bien cerrada, para que no se le fuera como aquella vez…
HERMANN HELLBUSCH
