YA QUE ESTOY AQUÍ

En cierta ocasión y nuevamente no voy a mentar al protagonista, pongamos por nombre Indalecio de los Desencuentros, y pongamos que el lugar de los hechos fue el Bar de Tito, que por aquella época era dado a tales sucesos, que nuestro Indalecio de los Desencuentros se hallaba sentado en la esquina de la barra, sus posaderas en un taburete, de espaldar la pared, y por lo demás, encajonado en el espacio que le dejaba la máquina tragaperras y la misma barra, que hacían de muro de contención para la torta que llevaba el hombre.
Como quiera que fuera, decidió nuestro hombre que era hora de marcharse. Con un gesto pidió la cuenta y pago sin mediar palabra, con sus ojos saltones e inyectados de rojo se dirigió hacia la puerta agarrándose al marco, después enfiló dirección a las Casas Baratas arrimándose a las paredes calle arriba. Un Charlot haciendo equilibrismo se nos iba subiendo la cuesta, el hombre avanzaba tres pasos y retrocedía otros dos, y así lo vimos perderse al girar la calle…
El bar siguió con su algarabía de risas, alcohol, disertaciones y anécdotas, es de común saber que cuando en un bar el ambiente se carga, van apareciendo eruditos de cualquier materia que se tercie: fútbol, política desde la municipal a la mundial, incluso hay quien se atreve a dar explicaciones de física cuántica para resolver cualquier intríngulis que se atraviese… en fin, con que poco somos felices.
Bueno, para no salirme del tema, resulta que ya había pasado un rato desde que Indalecio de los Desencuentros se había marchado, ya ni nos acordábamos de él, cuando nuestro hombre volvió a aparecer pero esta vez por la puerta de abajo, el bar abría dos puertas en aquel entonces. Resulta que con la que llevaba no atinó a cruzar la calle, siguió agarrándose a las paredes y le dio la vuelta a la manzana hasta llegar al punto de partida… levantó la mirada como pudo, y con aquella voz con retardo dulzón y atropellado exclamó al volver a ver la barra frente sí:
– ¡Coño! Pues ya que estoy aquí me hecho otra copa.
Se pueden imaginar la que se formó, ni queriendo nos hubiera hecho reír como lo hicimos…
HERMANN HELLBUSCH
