DE CUANDO ANTONIO REPITIÓ LA CONVIDÁ

Fiesta del Almendrero del año 1977 b          Saben ustedes que una costumbre que tenemos por aquí, aunque hoy en día se prodiga menos que antes, es la de invitar(convidar) a cualquier amigo a una copa. Pagaba uno la cuenta y casi siempre decía: ¿qué te debo? –tanto- ¡ah! Y cóbrate la copa de fulano… De todos modos hay que tener cuidado porque siempre hay algún que otro colgaera. Si, uno de esos que cuando él paga pide lo justo pero, cuando te toca pagar a ti, pide copa refresco y tapa. Pero, señores, todo en la vida tiene sus riesgos.

            Una vez, hay desto mucho tiempo y ustedes no se pueden acordar, en pleno esplendor del mejor grupo de música canaria que ha parido este pueblo por el que ha pasado medio Valsequillo (cuentan las malas lenguas, a mi no me crean, que hubo un tiempo en que muchos de los que se “apuntaron”, sobre todo pollería, al grupo, lo hicieron pa ligar); un componente de dicho grupo, que supongo sobra decir que era Almogarén, -por cierto el nombre de Almogarén también se lo puso al primer bar de los pollos que tuvo Paquito Cabrera padézcanse, que estaba donde hoy en día (como dice “el chaqueta”) está la barbería de Óliver Afonso, oséase al lado se la tienda de Antoñito Umpiérrez. Pasado el tiempo y ya hacía años que Paquito no tenía el bar ahí, cada vez que molestaba a Juanito el latonero padézcanse, éste le decía a Paquito pa arrendarlo: “Mogarén, Mogarén”-, que era un tocador de timple de los de la punta adelante: Antonio el pastor, auque a él le encantaba tocar la bandurria, el laúd la guitarra y lo que fuera, lo que más se le daba a nuestro entender era el timple. Cuando rasgueaba el pequeño y genuino instrumento canario ¡el timple carajo! movía todo el cuerpo y sonaba aquello, cristiano, como una orquesta. También poseía dicho muchacho una gracia natural que era un gusto, te acuerdas cuando sorprendía a alguno con el dedo en la nariz y le decía: ¿qué, hay baile esta noche o fiesta en Las Lagunetas? Muchas anécdotas se pueden contar de él como cuando una noche de ensayo, esa vez le tocó tocar la bandurria y empezó como un loco a buscar la púa y no la encontraba y alarmado le preguntaba a todo el mundo: ¿y mi escamilla, quién cogió mi escamilla? El resto del grupo se moría de risa porque Antonio tenía la escamilla pegada con saliva en la frente, precisamente pa no perderla, buscando la cachimba y con la cachimba en la boca.

            Resulta de ser que en una de las múltiples actuaciones del grupo, fueron ahí bajo a Telde, concretamente a La Majadilla. Esto era en la época que el cartadioro estaba a tres duros y ustedes no se pueden acordar. Antes de la actuación fue Antonio acompañado de Miguelo Monzón y Juanito Rodríguez a echarse unos piscos. Ustedes saben que de siempre la costumbre, cuando varios amigos van juntos a echarse unos piscos, uno paga la primera copa, oséase, la de todos y seguidamente van turnándose y pagando los demás, menos los colgaeras, de modo y manera que es como si cada uno pagara lo suyo pero, las mañas son las mañas. Fueron como les digo estos tres individuos, y perdonen el modo de señalar, a echarse sus pisquitos y lo hicieron en una tienda de las de antes. De entrá pidieron tres rones y enseguida Antonio pidió la cuenta, la mujer que los atendía le dijo: “tres duros”- ¡chacho, Antonio que tenía la mano en el bolsillo con los nueve duros que creía que era la cuenta, quitó tres y dijo como un tiro y privao, soltándole los seis duros a la mujer : “ponga otra corría”.

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