EL CACHONDEO
DEDICADA A PACO EL RUBIO
Como se ha dicho en otras ocasiones muchos personajes han pasado por nuestro querido pueblo y quién más, quién menos ha dejado su impronta por estos andurriales. Algunos llegaron de buenas a primeras y al tiempo se marcharon para no volver jamás y entre tantos, que seguro que ustedes lo saben mejor que yo, me acuerdo, entre otros, de Domingo León que vino a vivir al Colmenar y como mi abuela vivía allí nos hicimos amigos y junto a sus hermanos jugamos de chicos muchas veces; Félix, un muchacho que vivía con su familia que estaba y está todavía abajo en el barranco (era un futbolista de la punta alante); Paco el bufío, éste era criollo de aquí y vivía en la plaza, no me acuerdo donde exactamente, se machó hace una carretá de años y más nunca lo volví a ver; Ramón Rúa y su familia que vivieron en lo alto del banco Hispano, tenían él y sus hermanos juguetes para medio Valsequillo en una época que la mayoría de juguetes de la que disponíamos era de fabricación callejera tales como arcos flechas, carros de cojinetes, ganchos y ruedas, tiraeras, chapas… sé yo…
Podría seguir citando a más individuos de estos y perdonen el modo de señalar, pero no los quiero cansar, así que me voy a parar en el siguiente personaje: Alfredo que era conocido en ese tiempo por el dichete de «el cachondeo». Este muchacho estuvo un tiempo medio eschabetao y se ponía a echar carreras con chiquillos chicos, también se ponía de buenas a primeras a cantar en cualquier sitio y sétera, pero era inofensivo, hasta que con el tiempo se desenrrolló, se le quitaron esas manías y se quedó el hombre que daba mil gustos. Vivía también en la plaza cerca de la casa de Antoñito Peñate. El padre de Alfredo era un hombre serio como una escopeta, con un bigotito, casi siempre vestido con un terno azul y pasaba el tiempo dando paseítos por delante de la casa de Jacintito el Cle…, digo, Suárez con las manos enlazadas detrás de la cintura y con la cabeza agachada, bueno, agachada lo más seguro que era por el peso porque señores, vaya cabeza, aquello era un ejemplo.
Ahora nos vamos a situar en los días próximos a las fiestas de San Miguel pero, las de antes ¡eh! Saben ustedes que antes se usaba hacer festivales y cosas por el estilo; actuaciones de las «voces blancas»; concursos de ni sí ni no, ni blanco ni negro, obras de teatro y sétera. Pues bueno, en uno de estos festivales, concretamente uno llamado «el festival de la canción» sucedió esta historia real como la luz del sol que nos alumbra con el día y la eléctrica que nos alumbra con la noche. El concurso lo ganó un muchacho que cantaba con una mezcla de estilo entre Manolo Escobar, padescanse, y Salvador Santana y la canción ganadora fue aquella que decía:
«A ti no te mata un toro
Ni tampoco los toreros,
Que a ti te mata una rubia,
Que a ti te mata una rubia
Que tenga los ojos negros.»
Imáginense para que se hagan una idea del furor que desataba aquel «cantante» con su estilo tan de «aquí». Por cierto, esta canción le encantaba a Juanito el rubio, lo recuerdo en medio del bar Monzón cantando a pleno pulmón de esta manera:
«Yo soy el mejor torero,
Que existe en Andalucía,
Que cuando salgo a los ruedos,
Que cuando salgo a los ruedos,
Me tiran agua floría…»
El segundo premio lo ganó un muchachito fino, fino, fino él. Era este personaje de Las Palmas y el día de la entrega de premios vino hasta con las cejas depiladas. Se llamaba Aldo y cantó al estilo de Raphael más o menos así:
«De mi casa a la playa,
De la playa al mar
Y del mar a otros mares,
No te puedo olvidar,
Vorvereeé, vorvereeé,
Al Puelto de la luz,
Donde mi niña mestá esperandooo….»
Imagínense también la música y el cloquío (tampoco cuesta tanto hombre…).
En el momento en que actuaba este muchacho pega Miguel Ángel (que de ángel no tiene más ná que el nombre) a decir el nombre de la…, digo del cantante y pa que fue aquello, al final todo el mundo coreaban su nombre y se bamboleaban diciendo: «ALDO,ALDO,ALDO…»; el cantante desgañitándose y ni se oía.
También participó en este concurso el amigo Alfredo. Interpretó la canción, Todo tiene su fin de los Módulos. Nada, que empieza este hombre a cantar con cacho de voz que llegaba hasta el Calvario y un oído de tenor:
«Siento que ya llegó la hora,
Que dentro de un momento
Te alejarás al fin,»
La gente se quedó con la boca abierta, algunas murmuraban: «pues mira oye, le guardaba el secreto, na este gana seguro, que vá». Y El Cachondo desenroscando el micro como los cantantes de verdad, paseando de un lado a otro mirando para todo el mundo con una sonrisa de oreja a oreja con aquellos diente separados y privao a su juicio. Y seguía:
«Quiero que tus ojos me miren
Y que siempre recuerdes,
El amor que te di…»
Pero, mano, los problemas del directo, que se le olvida de buenas a primeras la letra a Alfredillo y pega ese hombre metío en un guineo:
«La, la, la, la, la, la, la, la, la, todo tiene su fiiiin… «
Tino
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