EQUIPO RESPONSABLE Y ACTIVO

Trabajo, responsabilidad y compromiso para reconstruir el futuro común
A medida que los nuevos aires gubernamentales invaden la sociedad Valsequillera, las aguas mansas de la lluvia necesaria hacen brotar nuevos retoños que decoran un paisaje hostigado por la decadencia. Bien pudiera ser el otoño, como afirma el filósofo Xavier Wheel: “El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno”. Más que una estación, es la antesala que adormece el frío y anuncia las adversidades.
Estos presagios de un largo invierno, bien lubricado de lluvias, hacen entender el trabajo implícito y las labores que invitan a cultivar el cambio y las actitudes de la necesidad, fraguando —con valores e ilusiones—, en el desierto del colapso, la lucha por la empatía y la directriz. Una marca que lleva el sello de la quimera de hacer las cosas de forma diferente y llegar, sin mayor estruendo, a redibujar el futuro del pueblo en armonía de objetivos y consolidaciones.
Este anhelo se respira en el arduo trabajo del equipo que ha consolidado la “emoción” de una censura tan necesaria como esperada. La nave del olvido hacía aguas por los costados y la tripulación seguía encadenada al bastión del capitán, como quien espera que la tormenta no rompa el casco, más que sacudirlo, a la espera de ser tragado por el ciclón del cambio.
Se evidencia que hay demasiadas cosas por arreglar, enderezar y esgrimir; pero el talante de este equipo de salvamento está en las labores de rescate y de credibilidad. Nadie dice —ni dirá— que sea fácil. Sólo respirar el compromiso que manifiestan frente a este naufragio heredado da para repartir una primera felicitación de generosidad.
No hay triunfos, solo trabajo y más trabajo… mucho trabajo y mucha reconquista social. Desde nuestro perfil observador, la bandera de la paz ondea en las fronteras del conflicto. La memoria, cuando ha hecho buena o mala la historia, se hereda y se recuerda; y ahí estarán las hemerotecas del reparo para custodiar los valores.
Porque gobernar no es prometer primaveras inmediatas, sino trabajar con responsabilidad durante los inviernos largos. Y en ese trayecto, la constancia, la honestidad y la cercanía marcan la diferencia entre el ruido estéril y el cambio verdadero. El camino no será corto ni sencillo, pero sí necesario. Y mientras haya compromiso, trabajo y voluntad de escucha, el futuro dejará de ser una quimera para convertirse, paso a paso, en una construcción compartida
Feli Santana
