LAS BALSAS EN EL OLVIDO

Por estos días de bonanza hidráulica, observamos, leemos, nos sorprendemos y más cosas por la cantidad de agua caída, corre el agua por los barrancos hacia algún lugar si llega al mar, por carreteras, caminos, barranquillos, un espectáculo brillante y magnífico.
Se han publicado fotos videos y reportajes gráficos de todo tipo de este maravilloso acontecimiento, lógico y de agradecer por la admiración y satisfacción que esto produce.
Se han producido algunos destrozos por efecto del agua, y viento, pero en definitiva todos son elogios por lo acontecido.
Para la gestión del agua se crean organismos públicos con competencias claras y filosóficamente aplaudibles, entes profesionales, consorcios, comunidades de regantes y otros. Con reuniones y presentaciones en prensa de estos organismos para darle imagen y pompa a los mismos, gastando dinero público para ello.
Se crean, pero se olvidan, por una parte, de los miembros del ente, de los objetivos y protocolos para los que se han creado, y por otra, de los usuarios, que serían los beneficiados pero que al final son los perjudicados ya que se hace una gestión interesada de la distribución de este imprescindible recurso.
Pero recuerda que el objetivo de grandes inversiones, por ejemplo las balsas de agua, que se construyeron con el objeto de recoger agua, almacenarla y distribuirla, en el verano cuando esta escasea y que el Cabildo financió y que gestionan las comunidades, no son objeto de ningún reportaje ni mención, están vacías y sin poder usarlas, ahora se plantea el dilema de a quién se le piden responsabilidades:

-Al Cabildo que da el dinero para su construcción y responsable en última instancia.
-Al Ayuntamiento que debe velar por los intereses de los agricultores y ha olvidado.
-A las comunidades de regantes o consorcio, los responsables de su conservación y gestión.
-A los agricultores por no ejercer el derecho que le otorgan los estatutos de las organizaciones profesionales de exigir que se cumplan los compromisos y deberes que los entes asociativos dejan de hacer.
Es que aquí nadie se responsabiliza de nada, unos por defecto, otros por intereses, otros por negligencia, algunos por desconocimiento, y los últimos, pues, así suben más el precio
Espero que la consejería del sector primario, soberanía alimentaria y seguridad hídrica, ¡qué bonito suena!, ponga un poco de orden en esto y mi amigo Miguel Hidalgo, responsable del área, le lea los estatutos a las organizaciones profesionales sobre las competencias, responsabilidades, atribuciones y artículos en los que se han basado para dar el dinero que seguro estaba justificado, pero se han olvidado de pedirles resultados.
ANTONIO NAVARRO DEL PINO
