EL ÚLTIMO VIAJE DEL DICTADOR

albertoCasi cinco décadas de permanencia de Francisco Franco en el valle los caídos concluyen con su traslado al cementerio de Mongorrubio, en El Pardo. que es lo que pretendía el gobierno de Pedro Sánchez una vez desestimada la aspiración de la familia del dictador de enterrarle en otro retiro dorado: la Catedral de la Almudena en el centro de Madrid.

Durante un proceso que ha durado meses, el comentario de cuñado más repetido en la barra del bar ha sido el que defendía que el país tiene necesidades y preocupaciones máss importantes que trasladar al caudillo de tumba para minimizar la trascendencia simbólica de su exhumación. Y es que cuando la gente de a pie llega a casa, después del madrugón, de las 10 horas en un trabajo mal pagado y de pelearse con la zona azul, se relaja estas semanas sentándose en el sofá poniendo Ia tele para ver quién ha dicho la burrada más gorda del día para ganar más minutos de televisión o rédito electoral. También a quién le habrá tocado una obra millonaria a dedo o quien ha tenido acceso a una vida offshore sin consecuencias. Quién ha sido recolocado a través de una puerta giratoria en una empresa energética o quién ha elevado su patrimonio de forma desorbitada tras pasar por un cargo público. Si Franco levantara la cabeza…

 viñeta6Pero, al margen de miserias cotidianas y la amenaza de una nueva crisis en el horizonte. la justificación de no trasladar a Franco para no abrir heridas o remover el pasado no se sostiene en un estado democrático. Y es que no era normal que quien ejerció una dictadura cercenando libertades durante décadas siguiese siendo honrado con un mausoleo faraónico que él mismo ordenó levantar con el esfuerzo de, entre otros, muchos presos políticos y rivales.

Sin embargo, algunos partidos, políticos y líderes de opinión con inclinación a la derecha se han resistido en los fil- timos meses en reconocer la importancia del gesto, del último viaje del dictador; enumerando los problemas presentes para generar ruido y desviar el foco del dictador El político, como todas las personas, se equivoca, se cae y se levanta. El que aprende a rectificar y subsana sus errores es un político capacitado para el gobierno. Por el contrario, el que se encierra en el pasado, el que no admite los atropellos que se cometieron, aún sigue en lo alto de la torre de oro de un sectarismo ideológico de otro tiempo.

Pronto nos tocará de nuevo votar. No olvidemos lo que vemos en la televisión cada día al llegar a casa y votemos pensando en el futuro. Pero también sin olvidar lo que su- cedió en el pasado para que no se vuelva a repetir.

ALBERTO ARTILES

{jcomments on}

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.