EL RESENTIMIENTO DEL EXALCALDE

El resentimiento, la rabia y la prepotencia vienen siendo, al parecer, el trío de argumentos estrella del exalcalde Francisco Atta. Uno quiere pensar —por ser generoso, más que nada— que el hombre no sabe o no alcanza a entender; que sus luces andan bajitas y por eso actúa así. Porque si no fuera el caso… ay, mi madre, entonces ya estaríamos hablando de mala fe, ganas de hacer daño, revanchismo y un largo etcétera que mejor ni nombrar, pero que todos tenemos clarito en la cabeza.
El susodicho anda cada vez más solo, y desde esa soledad se pone a desvariar: descose palabras sin ton ni son, como quien remienda con hilo flojo. La cosa es salir, chupar cámara y hablar… hablar mucho, sin decir gran cosa. Contradicciones, verborrea y ese intento constante de aburrir al personal: su estrategia parece ser seguir hablando para ver si cuela que sabe de lo que habla. El “pobre”.
Algún día, digo yo, caerá en la cuenta de lo solo que está. Se ha montado una película en la que él es el protagonista absoluto, el ombligo del mundo mundial, y en ese empeño se lo lleva todo por delante con tal de seguir creyéndose el cuento.
Y claro, hay que llamarle la atención a cada rato, porque lo de saber comportarse en un salón de plenos no va con él. Educación, la justita. En fin, un autorretrato de lo patético elevado a la quinta potencia… sin exagerar, ojo.
Y para terminar, felicitaciones al equipo de gobierno: por hacer, por estar y por mantener el tipo ante todo esto. Especial mención al alcalde, por su templanza, su equilibrio y esa manera de gestionar que da gusto. Porque, al final, uno se siente orgulloso de estar bien representado. Así sí.
Está claro, «p’a la leche que da la vaca, mejor que se la coma el becerro». Donde no hay, no se puede sacar.
MIGUEL MONZÓN
