HACER FRENTE A LA ULTRADERECHA

Que Dios bendiga a América, pero que Biden haga caso a Bernie Sanders

Que lo público garantice condiciones materiales para una vida digna es la mejor respuesta contra la ultraderecha.

Juanma del Olmo

Hace cuatro años, Trump conquistó a los estadounidenses con la promesa de construir un muro. Ahora que lo conocen mejor, los ciudadanos han tenido que improvisar una muralla en las urnas para protegerse de Trump. El resultado ha sido la mayor participación electoral en 120 años, un recuento de infarto y, a falta de la proclamación oficial, una ajustada victoria de Biden. Y lo más importante: el no reconocimiento del ganador por parte del perdedor.

El dique de emergencia, levantado gracias a la gran movilización en el plebiscito a Trump, ha impedido su reelección. Pero esta barrera, levantada a toda prisa, es defensiva, conservadora, y su efectividad, limitada. Haciendo uso metafórico de Game Of Thrones, podríamos decir que con una muralla se puede frenar una vez al Rey de la Noche, pero en la siguiente vuelven con dragones. Biden genera alivio, pero no ilusiona.

Poner coto a la ultraderecha en la calle

En las circunstancias actuales, la tensión, el miedo y la falta de expectativas desgastan. Cuando los ciudadanos se ven abandonados frente a la incertidumbre, los pilares de la democracia se debilitan. Así, aparecen grietas con cada arremetida y dejarse llevar es cada vez más tentador. Al final, la fatiga puede más que la defensa de unas instituciones que no dan respuestas.

En otras palabras, si el objetivo es resistir y conservar lo presente, no saldrá bien muchas más veces. Y esto no es ajeno a España, para hacer frente a los ataques de los que vienen como Trump, la democracia necesita evolucionar y dar respuesta a los nuevos tiempos con unas bases más sólidas y, la ciudadanía, un horizonte más ambicioso que la mera supervivencia: hay que fortalecer lo común, proporcionar seguridad en el presente y generar expectativas para el futuro.

Dar seguridad a la ciudadanía pasa por reforzar lo público, como 2020 nos ha recordado con insistencia: la Sanidad pública frente a la pandemia, la Educación pública para la igualdad, asegurar el derecho a la vivienda, hacer políticas feministas que garanticen un sistema de cuidados (dependencia, crianza…) y acabar con la precariedad laboral. En otras palabras, que lo público garantice condiciones materiales para una vida digna es la mejor respuesta contra la ultraderecha. Sin olvidar que las expectativas vitales no se limitan a lo material.

Es necesario también abordar la crisis de representación en la que llevan años sumidos la política, la justicia, los medios y el resto de instituciones que constituyen el poder legítimo. La corrupción, la falta de independencia, el servilismo ante los poderosos, y su ceguera para renovarse, les han restado legitimidad a ojos de la ciudadanía. Y en esa situación tenemos que enfrentarnos al golpismo de ultraderecha, a los oportunistas que intentan imponer unas reglas del juego fatales a través de la ruptura de la convivencia.

No se ganará la actual batalla ante una nueva extrema derecha con unas instituciones anquilosadas y si no hay una sociedad civil movilizada. No se puede perder de vista el papel que han jugado en las elecciones de EEUU el movimiento feminista y el Black Lives Matter. Para defender la democracia necesitamos más y mejor democracia: un sistema político cercano, transparente y participativo, y con instituciones legitimadas que no sean un dique de contención, sino el medio para que las clases populares conquisten derechos y libertades.

Sólo las democracias revitalizadas resistirán ante los movimientos que pretenden imitar a Trump. Hacen falta cambios profundos y sería un error confundir el alivio de la derrota de Trump con la creencia de que el problema ha terminado.

Que Dios bendiga a América, pero que Joe Biden atienda a las propuestas de su colega demócrata Bernie Sanders

Juanma del Olmo – Secretario de Comunicación de PODEMOS

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