DISCURSO DEL REY: ENTRE LÍNEAS

Francisco Suárez Álamo

Circula por un mensaje de Twitter, reconvertido ya en categoría de meme, que compara el discurso navideño del rey Felipe VI, las expectativas generadas y lo que finalmente ocurrió, con el momento aquel en que una multitud enfervorecida festejaba la declaración de independencia de Cataluña y, siete segundos después, ponía cara de decepción cuando Carles Puidgdemont anunciaba que dejaba sin efectos prácticos la escisión. De hecho, todavía hay gente en Cataluña frotándose los ojos, a ver si aquello fue un sueño o un efecto secundario de un medicamento. Más o menos eso es lo que pudo pasarles a los que esperaban mucho del discurso real, entendiendo como «mucho» que rompiese todo vínculo con su padre, y que luego se encontraron con un par de frases -no más- que lo mismo valían para el rey emérito que para la tradición de la picaresca española del Siglo de Oro.

Vayamos por partes: la monarquía es, por su propia naturaleza, conservadora. No en el sentido de que ideológicamente esté en la derecha sino que sus bases filosóficas están ancladas en perpetuar ciertos modos y maneras. Por eso mismo, esperar que de la noche a la mañana se vuelva progresista es como sentarse a ver si las ranas crían pelo.

Dicho lo anterior, ¿podía haber sido más explícito el rey? Sí. ¿Por qué fue tan parco? Eso seguramente solo lo saben él y su círculo más próximo. Unos dicen que por debilidad, otros por prudencia y no faltan los que creen que ni el monarca sabe a ciencia cierta cuánto más puede conocerse sobre su padre, ni tampoco la reacción de éste en caso de una ruptura a las bravas. A fin de cuentas, si el 24 Felipe VI hubiese renegado del emérito, más de uno se preguntaría por qué no lo denunció en su momento, en lugar de dejar que se fuera a Abu Dabi por la puerta de atrás (en jet pero a hurtadillas).

Nos tenemos que conformar, por tanto, con un discurso en el que hay que leer entre líneas para intuir lo que piensa el rey y lo puede que haga a futuro. Pero sucede que estos no son tiempos de lecturas interlineales. Es más, se lee ciertamente poco y lo que muchos esperaban de Felipe VI era un titular contundente, una frase lapidaria, en plan Donald Trump cuando se pone a tuitear. Con este sí pero no, seguramente para muchos el rey se queda corto y para otros ha encontrado un camino intermedio entre no hacer nada y ‘matar al padre’. Sospecho que será insuficiente pero también sospecho que el devenir de la investigación sobre el emérito ya no está en la mano de Felipe VI.

FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

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