EL CONSENSO, SEGÚN FRANCISCO ATTA
Oscurantismo, imposición y rodillo.

A veces el contenido de algunos expedientes —como el de los Recursos Hidráulicos— se convierten en un «secreto de Estado», no solo para los ciudadanos, sino para los propios compañeros de partido, a los que simplemente se les exige sumisión y disciplina de voto a ciegas.
Esta ha sido la praxis habitual que sufrimos durante el mandato del exalcalde Francisco Atta. Un estilo de gobernar basado en el ordeno y mando, donde la información se dosifica o se oculta, y donde no cabe la disidencia ni el debate interno.
Por eso, que una concejala decidiera abandonar el partido ante esta intolerable mala praxis no es una «traición». Es, sencillamente, un acto de coherencia, valentía y respeto a la ciudadanía y a sus votantes.
Votar distinto dentro de una coalición de gobierno no significa obligatoriamente una ruptura, sino que depende enteramente del contexto, la cultura de cada partido y la trascendencia del asunto.
La libertad de voto suele ser un síntoma de salud democrática.
Que el voto no sea unánime es una señal de que el gobierno es un ente vivo y deliberativo, y que al estar formado por una coalición, hasta resulta lógico que a veces suceda.
Los concejales se deben, en teoría, a sus votantes y a su conciencia.
A veces, si un asunto afecta de forma negativa al municipio según el criterio que un determinado partido propone, votar distinto en ese caso no es traición; es coherencia con los principios que cada uno defiende.
Si el voto diferenciado se da en un asunto técnico o local, y los miembros del gobierno lo asumen con normalidad, es un claro síntoma de democracia interna.
La madurez de un gobierno no se mide por su capacidad de imponer un determinado argumentario a sus socios de gobierno, sino por su capacidad de gestionar la discrepancia sin romperse.
(ACLARANDO VALSEQUILLO)
