CANARIO NEUTRO

Para sorpresa de todo el mundo, hoy no hablaré de Eurovisión. Sé que es lo que se esperaba de mí, que yo compartiera mi opinión sobre lo que sucedió con el saludo nazi del representante de Ucrania o los 12 puntos que nos dieron tantos países y que no nos sirvieron al final para ganar, no diré ni mú sobre eso, lo siento. Tampoco diré nada sobre la hipocresía de señalar lo machista que es enseñar el culo (por elección propia) y alabar el feminismo de enseñar las tetas (por elección propia, de nuevo). No es que no me interese nada de eso, me interesa, pero me aburre hablar de algo así, me aburre leerlo en todas partes y ver a todo el mundo diciendo y escribiendo lo mismo, reproduciendo el mismo discurso de ángel o demonio, sin grises, sin matices, sin ejercicio de honestidad. Por eso hoy hablaré de Canarias. Creo que es más importante que Eurovisión.

Voy a hablar de Canarias porque amo mi tierra y porque cada vez que pienso en mí misma la primera cosa que me viene a la cabeza es señalarme y decir: “Soy canaria”. Soy canaria y cuando vi el vídeo de la campaña del día de Canarias que sacó nuestro gobierno hace unos días se me cayó el alma a los pies. Se me cayó el alma a los pies porque sentí que nos volvieron a ver la cara de tontos. No es agradable escribir esto, me entristece, pero no veo que nadie lo comente, no veo columnas sobre el tema, no parece preocupar a mucha gente. Nos volvieron a ver la cara de memos, esto es lo que hay.

Desde hace un tiempo vengo sospechando que el gobierno canario se avergüenza de la tierra que gobierna y de las personas para y por las que trabaja. Muchos los votamos y los pusimos allí donde están con esos votos que les dimos, y ahora tenemos que ver con una mezcla de vergüenza e incredulidad cómo todos los spots que sacan en nuestra televisión están locutados por personas que se cuidan tanto de mostrar sus respectivos acentos que podrían ser de cualquier rincón de España menos de aquí. De Canarias. ¿Nos tragamos la mentira de que si no nos aferramos al canario neutro nadie nos va a entender? ¿De que si cambiamos el ustedes por el vosotros tenemos más probabilidades de que nuestro interlocutor comprenda el mensaje que le queremos comunicar?

No soy experta en nada en esta vida pero tengo unos estudios y con mis papelitos de graduada en la mano les puedo asegurar que no existen ni el canario neutro ni el español neutro. Son una mentira, una etiqueta que se inventó alguien en Valladolid para justificar su clasismo, algo que otros repiten como loros quién sabe por qué. Uno de los mejores profesores que tuve en la universidad nos miró un día a todos sus alumnos a la cara y nos aseguró que el español nos pertenece a nosotros, sus hablantes. No a la RAE, a nosotros. Si partimos de este hecho, no tardamos nada en llegar a la conclusión de que no existe una variedad del español que sea mejor que otra. Un gallego no habla peor que un extremeño, un andaluz no habla peor que un canario y un canario no habla peor que un madrileño, todos hablan bien y todos se entienden cuando hablan. Estamos tan hambrientos de representación los canarios que nos volvimos locos de orgullo cuando la ministra de Sanidad, Carolina Darias, dijo “guagua” en una rueda de prensa. Eso que ven en las series de televisión no es español neutro. Es un español pulido, desprovisto de todo rasgo característico, es un español antinatural pues lo natural es que a uno se le note de dónde es en su forma de hablar. Creer lo contrario es caer en complejos de inferioridad que alguien en alguna parte se ha empeñado en meternos por la tráquea porque un pueblo que no se quiere nada es un pueblo al que se puede manipular y al que se le puede robar con mucha más facilidad.

Si le damos vueltas a la cuestión del canario neutro nos olvidamos de otras cosas. Perdemos de vista lo que está sucediendo en el Puertito de Adeje, por ejemplo. Cemento y destrucción para enterrar a un pueblo que vive en un continuo estado de lucha para frenar cada intento de arrasar con lo poco que queda de esta tierra. Esta lucha la tendría que encabezar nuestro gobierno, esas personas a las que votamos para defender nuestros intereses, pero no los veo por ninguna parte. Estarán ocupados preparando más spots de esos o vendiéndonos a la Unión Europea a ver si nos tiran una limosna en forma de Agencia Europea del Turismo. Hotel por aquí, resort por allá, parque de golf monstruoso al fondo, ¿vosotros cómo lo veis, majos? Espero que ahora sí me entiendan. Míralos, protestando por macroproyectos que se erigen sobre espacios protegidos, lugares pasan de ser de todo el mundo a concentrarse en las manos de dos o tres personas. Prohibido el paso, propiedad privada. Dirán que me quejo por nada, que esto trae riqueza a nuestras islas. ¿Dónde está esa riqueza, ustedes la ven en alguna parte, la notan en sus bolsillos, en sus vidas diarias, en los servicios públicos que usan? Me atrevería a decir que no. Me atrevería incluso a decir de nuevo que se están riendo de nosotros en nuestras caras. O en nuestros “jetos”, en español neutro, que al parecer así se me entenderá mejor.

Meryem El Mehdati

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