CUANDO LAS COSAS SE HACEN BIEN

En Valsequillo, el domingo amaneció con ese airito de feria que no se respira en ningún lado: mezcla de tierra removida, millo fresco y gente con ganas de echar el rato… y de paso, llevarse algo pa’ casa.
A eso de las nueve y pico ya estaba maestro Domingo el del Lomo, plantado como un tuno junto al primer puesto.
-Hoy me voy a moderar dijo, con una seriedad que no se la creía ni él. Alguna papa arruga… y si acaso, algún pisco ron.
Severino, que lo conocía desde que ambos eran flacos (osease, hace mucho), le respondió:
-Sí, sí… tú hoy t`as comedido igual que yo dejo el café.
Y aquello empezó a moverse. No era una avalancha de esas que te llevan en peso como si fueras una maleta en una guagua llena, noo… pero había gente constante, de la que pregunta, prueba, regatea un poco “a ver” y acaba comprando.
Aunque también había sus cositas…
-Oye -dijo uno que llegaba resoplando-, entre las carreteras cortadas por el rally ese de la semana que viene… y los desvíos, pa’ llegar aquí hay que querer venir.
Claro, respondió Severino, el que vino hoy vino convencido… y con más ganas de comprar.
Maestro Domingo confirmó:
-Eso filtra. Aquí está el que aprecia la papa, no el que venía a pasear sin rumbo.
Doña Eulalia, con una bandejita “de prueba número siete”, añadió:
-Y aún así, mira cómo está esto… gente con fundamento.
Porque sí, la gente no era una marea desbordada… pero era la buena. La que compra, la que repite, la que pregunta de qué finca viene la papa y si el millo es de aquí o de más allá.
Pero claro… cuando todo iba cogiendo ese punto sabroso… apareció ella.
Mariquilla Pérez la del feisbo.
Llegó mirando pa’ los lados como inspectora sin placa.
-¿Y esto? – dijo-. Yo pensaba que esto iba a estar lleno… ¡a reventar!
Severino ya se santiguó por dentro.
-Mariquilla… no empieces temprano, que el día es largo.
-Esto está flojo -insistió regañá-. Y la gente… poca.
En ese momento pasó uno gritando:
-¡Se me están acabando las papas, traigan más!
Y otro detrás:
-¡El millo aquí también está volando!
Mariquilla Pérez, la regañá, frunció el ceño, como si aquello confirmara su teoría.
-Normal… mala organización.
Maestro Domingo la miró despacio.
-Mala organización fue la de aquella fiesta de la fresa… ¿te acuerdas?
Se hizo un murmullo.
-¡Ave Mería! -dijo Doña Eulalia-. Aquello sí que fue un desastre…
-De aquellos polvos…- añadió Severino.
-…estos barros- remató maestro Domingo . Y bastante que están arreglando ahora.
Porque la cosa era esa: había gente que todavía venía con la mosca detrás de la oreja por lo que pasó aquel año, cuando todo salió al revés y la organización dejó más colas que satisfacción.
-Hay quien todavía se lo piensa -dijo uno-. Entre eso y las carreteras cortadas, más de uno se quedó en su casa.
-Pues peor pa’ ellos -respondió Severino-. Se perdieron una buena.
Y buena estaba siendo.
Los puestos no paraban. Papas que salían al golpito sin prisa, millo que iba desapareciendo de las bandejas, agricultores con una sonrisa en la cara.
Y todo en orden. Sin líos, sin carreras, sin aquello de “¿y ahora por dónde entro yo?”
-Oye -comentó Doña Eulalia-, pues este año está todo bien controlado.
-Se nota que el nuevo gobierno le puso cabeza -dijo maestro Domingo- . Menos ruido y más hacer.
Mariquilla Perez- la regañá, bufó:
-Bueno… tampoco es pa’ tanto…
Pero la mañana siguió, y la gente haciendo caja en esta mañana de fiesta.
Pasado el medio día, alguien soltó los datos en alto, con voz de orgullo:
-¡Más de siete mil kilos de papas vendidos!
-¡Casi cuatrocientas bandejas de millo!
-¡Y los puestos, casi sin nada que recoger!
Silencio.
De ese que busca culpable… o víctima.
Todas las miradas, como si estuviera ensayado, fueron pa’ Mariquilla Pérez, la regañá.
Ella se acomodó el bolso. Miró pa’ un lado, pa’l otro… y hasta pa’l cielo, por si encontraba ayuda divina.
-Bueno… -empezó-. Igual… igual p’a mi esto está flojo.
Severino cruzó los brazos, disfrutando aquello como un postre.
-Mariquilla… lo que estaba flojo es el recuerdo que tenías.
Maestro Domingo remató:
-Mira, mi niña… no hacía falta avalancha. Bastante mérito tiene esto con carreteras cortadas, mala fama arrastrada… y aun así, vender todo eso.
Y justo en ese momento pasó un agricultor diciendo:
-¡El año que viene traigo más!
Y otro:
-¡Y yo también, que esto va pa’ arriba!
Doña Eulalia, limpiándose las manos, soltó la puntilla:
-Eso es lo que pasa cuando las cosas se hacen bien… aunque cueste levantar lo que otros dejaron cambao.
Mariquilla Pérez- la regañá, suspiró.
-Bueno… -dijo-. Pues… estaba bien, puei ser.
Severino no la dejo escapar:
-Apuntalo, que esto no pasa todos los días.
Y ASÍ TERMINÓ LA FERIA: SIN AVALANCHAS, PERO CON FUNDAMENTO; SIN OLVIDAR LO PASADO, PERO ARREGLÁNDOLO CON GANAS.
Dicen que al llegar a su casa, Mariquilla Pérrez, la regañá, miró la bolsa llena de papas, probo una piña asá… y murmuró:
-Bueno… si siguen así… deja que me ponga yo en el feisbo…
Y en Valsequillo, eso ya no es crítica.
Eso… es rendición.
MIGUEL MONZÓN
