LA BALSA DE LA MONTAÑA: 7 AÑOS VACÍA Y UNA EXPLICACIÓN PENDIENTE

La reparación de la infraestructura hidráulica tras los daños causados por la borrasca Therese devuelve a la actualidad una instalación clave para la agricultura de Valsequillo. Sin embargo, detrás de la noticia existe una historia que merece ser contada.
Las noticias difundidas estos días muestran el inicio de las obras de reparación de la Balsa de La Montaña, una infraestructura estratégica para el almacenamiento de agua destinada al sector primario de Valsequillo.
La actuación, impulsada por el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria tras los daños ocasionados por la borrasca Therese, ha sido recibida con satisfacción por agricultores y regantes.
Y no es para menos.
Toda inversión destinada a mejorar las infraestructuras hidráulicas del municipio debe considerarse una buena noticia.
Pero una obra no puede borrar la historia.
Y la historia de la Balsa de La Montaña plantea preguntas que siguen sin respuesta.
Una infraestructura construida para almacenar agua
Las ortofotos históricas de Grafcan permiten reconstruir la evolución de la balsa desde su construcción.
En 2003 todavía se observan los movimientos de tierras asociados a la ejecución de la obra. En los años posteriores la infraestructura alcanzó niveles de almacenamiento importantes, llegando a situarse cerca del 90% de su capacidad en 2009 y manteniéndose en porcentajes elevados durante varios ejercicios.
Posteriormente comenzó una etapa marcada por la irregularidad.
La balsa siguió almacenando agua, pero alternando años de mayor capacidad con otros de niveles considerablemente más bajos.
Sin embargo, el dato más significativo aparece a partir de 2019.
Desde entonces y hasta la actualidad, las imágenes muestran una infraestructura prácticamente vacía.
Siete años consecutivos.
Una situación difícil de entender tratándose de una de las principales instalaciones de almacenamiento de agua del municipio.
La cuestión no es quién era el propietario
Cuando se plantea este debate suele aparecer una respuesta inmediata:
«La balsa no es del Ayuntamiento.»
Y es cierto.
La gestión directa corresponde a otras entidades vinculadas al regadío y a la gestión hidráulica.
Pero la cuestión de fondo nunca ha sido la titularidad.
La cuestión es otra.
¿Cómo es posible que una infraestructura considerada estratégica para la agricultura permaneciera prácticamente vacía durante siete años sin que se encontrara una solución efectiva?
Porque durante todo ese tiempo no intervino una única entidad.
Alrededor de la gestión del agua han coexistido la Comunidad de Regantes, el Consorcio de Comunidades de Regantes, el Consejo Insular de Aguas, el Cabildo de Gran Canaria y el propio Ayuntamiento de Valsequillo.
Todos han tenido, en mayor o menor medida, capacidad de influencia sobre el sistema hidráulico local.
Y precisamente por eso resulta tan difícil entender que una situación tan prolongada no encontrara respuesta.
La fotografía que merece una segunda lectura
La visita institucional realizada tras los daños ocasionados por Therese dejó una imagen que merece ser observada con atención.
Su presencia es perfectamente lógica.
Ambos ocupan responsabilidades directamente relacionadas con el agua.
Sin embargo, la fotografía también refleja otra realidad.
En ella aparecían Yeray Melián, presidente del Consorcio de Comunidades de Regantes y presidente de ASBA, y José Juan Pérez Suárez, responsable de Recursos Hidráulicos del Cabildo de Gran Canaria y concejal de ASBA de la oposición en el Ayuntamiento de Valsequillo.
Y eso conduce inevitablemente a una pregunta.
Si quienes hoy encabezan la solución han tenido durante años capacidad de influencia en los principales espacios relacionados con el agua, ¿cómo se explica que la Balsa de La Montaña llegara a permanecer prácticamente vacía durante siete años?
Las mismas personas que hoy aparecen liderando la recuperación de la infraestructura han ocupado durante años posiciones relevantes en distintos ámbitos relacionados con la gestión hidráulica y la política local.
El gran ausente
Existe además un detalle que ha pasado prácticamente desapercibido.
En una actuación destinada a recuperar una infraestructura agrícola estratégica para el municipio, el concejal de Agricultura del Ayuntamiento de Valsequillo no tuvo protagonismo público en la visita institucional.
Puede parecer una cuestión menor.
Pero las fotografías también transmiten mensajes.
Y la imagen proyectada fue la de responsables hidráulicos y dirigentes vinculados a organismos relacionados con el agua.
No la del representante municipal del área directamente relacionada con los agricultores y regantes del municipio.
Quizá se trate de una simple circunstancia.
O quizá refleje dónde se han concentrado realmente las decisiones importantes durante todos estos años.
Una responsabilidad política que no desaparece
Nadie puede afirmar seriamente que ASBA haya gestionado directamente la Balsa de La Montaña.
No sería correcto.
Pero tampoco puede ignorarse un hecho evidente.
ASBA ha gobernado el Ayuntamiento de Valsequillo durante la inmensa mayoría de las últimas décadas.
Además, dirigentes vinculados a esta formación han ocupado responsabilidades relevantes en organismos relacionados con el agua, las comunidades de regantes y la gestión hidráulica insular.
Por ello, aunque la responsabilidad técnica esté repartida entre distintas entidades, resulta difícil sostener que no exista una responsabilidad política a la hora de explicar cómo se llegó a una situación que terminó dejando una infraestructura estratégica prácticamente vacía durante siete años.
Porque los hechos son los que son.
Una infraestructura construida para almacenar agua.
Años de funcionamiento irregular.
Y un largo periodo de inactividad que nadie ha explicado de forma convincente.
El debate que sigue pendiente
Hay otro aspecto que rara vez aparece en los comunicados oficiales.
Una balsa llena proporciona capacidad de almacenamiento, estabilidad y seguridad para los agricultores.
Una balsa vacía genera dependencia.
Dependencia de comprar agua cuando se necesita.
Dependencia de recursos externos.
Dependencia de quienes controlan el suministro.
Por eso el debate sobre la Balsa de La Montaña no es únicamente una cuestión técnica.
También tiene una evidente dimensión económica.
Y es ahí donde surgen algunas de las preguntas más incómodas.
¿Se analizó alguna vez el impacto que suponía mantener infrautilizada esta infraestructura?
¿Quiénes se vieron perjudicados por esa situación?
¿Existían intereses contrapuestos respecto al papel que debía desempeñar la balsa dentro del sistema hidráulico local?
Son preguntas legítimas.
Y siguen sin respuesta.
Más allá de la reparación
La recuperación de la Balsa de La Montaña es una buena noticia para Valsequillo.
Pero la reparación no debería servir para cerrar el debate.
Al contrario.
Debería ser la oportunidad para abrirlo.
Porque la noticia no es solamente que la balsa se repare en 2026.
La noticia es que una infraestructura estratégica para el sector primario haya permanecido prácticamente vacía durante siete años sin que ninguna de las instituciones implicadas haya ofrecido una explicación clara y convincente.
Las fotografías de hoy muestran una obra.
La historia de los últimos años muestra un problema.
Y lo que muchos agricultores y regantes siguen esperando no es una fotografía.
Es una explicación.
(VALSEQUILLO ACTUALIDAD)
