𝗘L ALMENDRERO BRILLA A PESAR DE LA RESACA DE LA FRESA
Este año, la Fiesta del Almendrero en Flor se vivió de otra manera.

Y para muchos vecinos —y también para quienes nos visitaron— fue una buena noticia.
Puede que viniera menos gente que en otras ediciones, pero eso permitió algo que llevaba tiempo perdiéndose: 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝘂𝘁𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗰𝗮𝗹𝗺𝗮.
Caminar por Tenteniguada, Las Vegas, La Barrera o el Casco sin agobios, visitar todos los puntos de la ruta, sentarse a charlar con los vecinos, reencontrarse, escuchar historias… en definitiva, 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝗳𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼.
Durante años, muchos valsequilleros evitaban estos días porque la masificación hacía imposible participar. Esta vez fue distinto. El Almendrero volvió a sentirse como una fiesta 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼, compartida con quienes llegaron con ganas de conocerlo y disfrutarlo, no solo de pasar por él.
Hubo organización, sí. Pero, sobre todo, hubo algo que no se mide con cifras: 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲, cercanía y sensación de pertenencia.
Quizás esta edición deja una reflexión interesante para el futuro: no siempre más es mejor. A veces, menos gente significa 𝗺𝗮́𝘀 𝗳𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮, más identidad y más disfrute real.
Porque cuando el almendrero florece de verdad, no lo hace para las multitudes, sino para quienes saben mirarlo despacio.
(PERFIL VALSEQUILLO PAISAJES)
