SOLUCIONES A LA CULTURA, DEMANDAS AL AIRE LIBRE

La palabra desbordó la biblioteca y llevó al público, silla en mano, hasta el Pilar, en una noche de cuentos que volvió a reclamar espacios dignos para la cultura en Valsequillo.
Anoche la palabra irrumpió con tanta imprevisión como constancia. El anhelo del cuentacuentos no tuvo en cuenta las limitaciones ni las conexiones, y, con las mismas ganas de la convocatoria, añadió la improvisación ante los elementos. Juan “Sin Tierra” buscó soluciones a sus demandas de iniciativa y, si el aforo se llenó antes de empezar, fue colapsado por una quimera oculta en las palabras en flor.
El amigo Paco el Rubio lo aclaró después: continuar el proyecto que arrancó tiempo atrás de la mano de Lucía Melián, con la generosidad de Armando Suárez, que no tuvo reparo en llamarla para brindarle el aplauso del acierto al final del acto.
Antes, Paco aclaró en la biblioteca, después de pedir a la afluencia que tomara silla y camino derecho al Pilar —bajo votación a mano alzada y gracias a esa tarde veraniega que avanzaba agradable—, dando la bienvenida a este proyecto, “Palabras en Flor”, comentaba con su socarronería particular que iban de los cuentacuentos más malos a los mejores, y que por ello habían querido arrancar con él. Oportuno siempre.
Aunque la noticia fue el rosario del desfile de la silla a cuestas camino del Pilar. Llamé a Hermann para que tomara la fotografía del momento. Fue increíble ver un desfile de amantes de la cultura y el cuento, con la silla cargada a hombros, camino de la fuente del Pilar. Y, en tanta plegaria andante, la crítica oportuna: ¿cómo es posible que Valsequillo no tenga un teatro decente? ¿Cuánto tiempo se ha perdido olvidando la esencia y la conciencia del pueblo? Pero no quiero gastar palabras vanas en reproches al pasado.
Anoche Ágora regaló unas charlas culturales de enorme calado y gran interés público en sus convocatorias. Esta noche, Paco arrancó el proyecto detenido de “Palabras en Flor” y tuvo que desviar el aforo al Pilar para contar cuentos a un público que quiere revolucionar la cultura en Valsequillo, demandando actividad y espacios decentes para sus convocatorias.
Y todos nos cobijamos en sus palabras para descifrar el poder del relato: crónico, increíble, imprevisible, teatral, tradicional, combativo, apuesto, perenne, exaltado, triste, dialogante. Juan “Sin Tierra” arrancó, olvidó y pescó soluciones: una dentadura con sabor a menta que lo paseó por una imaginación desbordada y coherente, culta e ilustrada. Y se fue de compras por una promesa materna, la de encontrar una mujer que, al final, nunca mejoró a la del suicidio, que, aterrorizada y con la boca abierta, se salvó de la caída del décimo piso.
Lo del cementerio intimidó en clave de ja. Los resucitados avanzaron hasta el universo absurdo de la muerte, de intermitencias, de un Saramago inspirado golpeando conciencias de lectores enganchados. Y replicó en cantares entonados de muñecas, y sufrió el calvario de lo inoportuno y fantasma del relato. Aunque, si usted no se imagina, es cuento muerto. Y de muertos y muertes parece que anduvo el cuento, aunque yo solo cuento lo que me contaron.
Una chica de Las Palmas cargaba la silla de vuelta a la biblioteca y, llegando a mi altura, me preguntó cada cuánto regalaban estas “Palabras en Flor”. Me atreví a decirle que era una cita mensual que había encontrado el cariño del municipio, y ella, encantada, me confesó que le había encantado el cuento y que estaría atenta para volver a este municipio tan original
Feli Santana
