El interés nos obliga al silencio

foto11Como se suele decir, uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras o como leí recientemente en un libro antiguo: las palabras son plata y el silencio es oro. En fin, parece que este tipo de ideas impelen a uno hacia la taciturnidad o a pensar muy bien antes de hablar. Y es que si uno habla o, como dicen los bien hablados, piensa en voz alta, corre el peligro de que los demás participen de tu forma de pensar y, de alguna manera, seas, valga la metáfora, transparente y así crear una opinión de ti que quizás esté alejada de lo que pretendes. Pero, amigos, las palabras exteriorizan nuestra personalidad y en cierto modo nos desnudan ante los demás sobre todo si somos extrovertidos. Por otro lado las palabras son sólo palabras. Piense usted en los seres metafísicos creados por la mente humana en todas las culturas y que a pesar de la poca  probabilidad de su existencia pretenden darle entidad y encima los adoran, etc., etc.

   En un pequeño ensayo: “El arte de callar” del abate Dinouart leí una frase que venía a resumir todo el libro: “sólo se debe callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio”. Hombre, el silencio es muy importante, tanto sea para la reflexión, como el silencio necesario en una conversación rutinaria para captar lo que nos están diciendo y poder dar una adecuada respuesta, etcétera. Ahora, darle al silencio la misma categoría que a la palabra (que como decía antes es sólo palabra nada más, pero nada menos ¡ojito con su poder!) me parece un disparate. La palabra, como todo el mundo sabe, es un poderoso instrumento, la utilización de la misma, sea cuando la hacían los antiguos griegos en el ágora o en la plaza de San Miguel cuando la gente era más comunicativa que hoy en día en que parece que lo que prima es el individualismo, es de las cosas más gratificantes con las que el ser humano se ha deleitado durante toda su existencia y no hablo sólo de conversaciones transcendentales sino también del simple hecho de hablar por hablar. La palabra es el mayor elemento socializador que ha creado el hombre. Y por poner un ejemplo de su poder acuérdense de esas preciosas enciclopedias que decoran muchos muebles de otras tantas casas y que probablemente nunca se han leído. La causa de esas compras es la verborrea del vendedor y su poder de convicción y al final, con tal de obtener el regalo (un televisor, una preciosa vajilla, etc.), colocamos la enciclopedia en el mueble y al menos dará un toque de intelectualidad a la casa.

            Por otro lado, la palabra también puede ser utilizada como arma arrojadiza como viene siendo habitual en unos enigmáticos personajes que haciendo una utilización partidista y ocultando su identidad tras un pseudónimo o simplemente con un anónimo, despotrican contra gente a la que, al parecer, odian y de la que por el contrario de lo que hacen con sí mismos (o mismas vaya usted a saber) dan sus nombres, apellidos y si se tercia hasta su nombrete (soy totalmente partidario de que cada palo aguante su vela y a pesar de saber que los nombrados saben defenderse por sí mismo, no quiero ni erigirme en defensor de nadie, ni que nadie lo piense, solamente hago esta observación por parecerme poco ética) . Cada vez que leo estos escritos no paro de preguntarme cuál es el motivo por el que no dan sus nombres. ¿Qué será, miedo? ¿Una táctica para no revelar su verdadero nombre y así, al ver quiénes son, perderían sus palabras mucha credibilidad? Me temo que nos vamos a quedar como cuando recibimos una llamada a través del teléfono y cuando queremos comprobar el número de quien nos llama nos damos cuenta de que está oculto. Sin embargo, especulando con lo dicho anteriormente si se trata de miedo; miedo de qué o a quién, será que como a mí nunca me ha dado miedo ningún político creo que todo el mundo es igual (me da grima esa gente que antes de hablar de algo comprometido miran a su alrededor a ver si alguien lo escucha y luego te dice lo que te iba a decir bajito, esos que, como el cordero manso, maman de la madre y de la vecina). ¿Será miedo de perder el trabajo? Si no se le tiene miedo a trabajar en lo que a uno le salga nadie te puede intimidar, ahora si lo que se pretende es defender un puesto al que accediste por estar en el lugar adecuado a la hora precisa y, lejos de morder, besar la mano de quien te lo otorgara y creer que era para toda la vida, eso es otra cosa. No pretendo que todo el mundo sea arrojado y bizarro cual jabato, cada uno tiene el carácter con el que la naturaleza lo ha dotado, por otro lado, me da igual que la procedencia del valsequillero que manifieste libremente su punto de vista sea de pa’ riba de Las Vegas, Tenteniguada, etc., o de pa’ bajo de los Llanetes, la Barrera… La cuestión mía es más bien una curiosidad que estoy seguro que comparto con mucha gente.

            Mientras algunas personas toman parte activa en todo lo concerniente a política, sociedad, cultura, etc., arriman el ascua a su sardina y tratan de minimizar lo que hacen otros que no sean de su línea (cosa que me parece muy bien, sobre todo cuando se hace abiertamente sin miedo a represalias de nadie, pero, en política se debe potenciar la diversidad de partidos no potenciar, como pretenden algunos, no ya le bipartidismo sino el monopartidismo), la inmensa mayoría como en un partido de tenis cuando, estando en juego una pelota la cámara enfoca al público y vemos como mueven las cabezas al unísono hacia un lado y hacia otro, pues bien, de la misma manera mucha gente, sobre todo cuando se trata de política, como si sus cabezas estuvieran enhebradas por un hilo invisible miran, ora hacia un lado, ora hacia el otro sin tomar parte activa. Como decía Ortega y Gasset, hay gente que, como boyas a la deriva, más que vivir “se dejan vivir”.

            Pulula por ahí otro señor al que no quiero pasar por alto, este si da su nombre y apellidos, pero su característica principal es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio o en el de sus queridos amigos, bueno, mejor dicho, no querer verla porque, chico, oportunidades te han dado por un tubo, pero como dice el refrán: no hay mayor ciego que el que no quiere ver. No sé el motivo que provocó que esta persona se convirtiera en una auténtica pesadilla para sus adversarios a los que a día de hoy trata de fustigar sin compasión. El motivo no lo sé, pero imagino que será algún tipo de sustanciosa prebenda porque no creo en absoluto que lo haga por puro altruismo. Aunque una persona parezca buena como es el caso de esta, solamente lo será si hace cosas buenas y no si lo único que hace es aparentar ser bueno y machacar sin compasión y sin importarle las consecuencias, a todo el que él considere su adversario y que conste que no me refiero solamente a adversarios políticos. Pero este asaeteador mordaz y perseverante más allá de límites insospechados, lanza todavía sus envenenados dardos como queriendo rematar a su “víctima”. Hoy en día que tan de moda está eso de las leyendas urbanas, recuerdo una que más bien era una leyenda pueblerina en la que se decía que los ratones a la vez que muerden, soplan para que su víctima no note el daño.

            La vida nos enseña con la experiencia y esta se adquiere con el paso de los años, pero una vez le dije esto a un señor mayor y él sabiamente me contestó: “si, es verdad, la vida te enseña, pero cuando crees haber aprendido, resulta que ya eres demasiado viejo”. Como dice Manolo Vieira: “el que lo quiera coger que lo coja”.{jcomments on}

                                                                                                Agustín Del Pino Calderín

                                           “Una palabra hiere más profundamente que una espada”

                                                                                                                  Robert Burton

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