EL PRIMER ROBO DE UNA MOTO EN MASPALOMAS

Feli Santana
Feli Santana cargado de anécdotas y costumbrismo

La primera comisaría de Policía Municipal de Maspalomas la ubicó el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana en la zona turística, en la esquina entre la calle Marcial Franco y la Avenida de Gáldar, frente al antiguo Viajes Insular, esquina con edificio Telefónica, allá por el año 1973, en plena efervescencia turística.

Para entonces, enviaron de arriba de Tunte, para abajo, a Goyo, «el pichón», un guardia de campo de ley de pueblo y fiel adscrito a los tiempos que corrían.

La nueva comisaría tenía cuartelillo y celdas para arrestos y penas menores. Entonces él hacía noche en ella, para atender y hacer de guardia a los funcionarios que tenían poco trabajo aún pues los tiempos eran más lentos y había mucha tranquilidad aún.

Agentes de policía municipales

– “Mire vengo a presentar una denuncia porque me acaban de robar la moto”.

Una noche a la una de la madrugada, cuando tenía bien agarrado el sueño, se despertó avispado por el tremendo golpeteo insistente en la puerta. Un señor, preocupado y bastante desconsolado, se presentó y le dijo:

-“Qué dice. Pero como va hacer eso”.

Dijo Goyo, como quien no sabe actuar pues nunca se le había dado un caso de estos en todo el sur de Gran Canaria, o al menos desde que él estaba de Guardia Municipal en el pueblo de Tunte. 

“¿Y dónde tenía usted la moto?”, insistió intentando ordenar y echar balones fuera.

-“En la calle de atrás. La dejé esta mañana para ir a trabajar en la construcción”.

Entonces Gregorio, enfadado y embrutecido por la deshora y el recado que le trajo y la inoperancia de su gestión dijo en tono reproche y paternal:

– “Mire, sabe lo que le digo. Que antiguamente, cuando uno se compraba un burro, ya tenía la cuadra hecha. Oyó. Ahora, cuando uno se compra una moto, eh, tiene que tener el garaje dispuesto para guardarla, me entiende”– titubeaba– «¿Usted me oyó?».

-“Si, claro”, respondió el pobre hombre espantado sin saber que contestar.

Y para rematar la tesis, le despidió a la vieja usanza, sin modificar el tono de voz: 

“Pues ya está; andando, a espiar cochinilla por ahí”.

FELI SANTANA

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